Todos hemos pasado, o al menos hemos vivido de cerca, por una relación tóxica, término que ha sonado bastante en estos últimos tiempos, pero ¿qué son las relaciones tóxicas?

Las relaciones tóxicas se definen como: “una relación que te consume, emocional y físicamente, […] no solo te frustran, también minan tu espíritu, tu personalidad y tu mentalidad” (Goldberg, 2014), incluso se pueden clasificar dentro del campo de las adicciones, pues no son pocos los profesionales que defienden que al intentar acabar con ellas se sufre síndrome de abstinencia (Congost, 2013).

Aunque destaque su presencia en el campo amoroso este tipo de relación también se da entre amigos, familiares, compañeros de trabajo, jefes, vecinos… cualquier tipo de relación es susceptible de ser o volverse nociva.

Pero… ¿cuáles son los síntomas ante los que alarmarse? ¿Qué las delata como dañinas?

Las delatan el aislamiento, la sumisión, un malestar continuo, dependencia, necesidad de justificar el comportamiento del otro constantemente…, destacando su prevalencia en el tiempo, es decir, estos fenómenos no ocurren como algo momentáneo y puntual con una explicación coherente, son parte de nuestro día a día.

Este tipo de relaciones resultan altamente peligrosas, pudiendo desembocar en numerosos casos en el maltrato, tanto físico como psicológico (Castello, 2000). Eso no quiere decir que el daño se haga conscientemente, pero se da, con las consecuencias que ello acarrea.

Además hoy en día la aparición y perpetuación de la dependencia emocional se ve favorecida por la tecnología, pues con la irrupción de las redes sociales en nuestras vidas es mucho más fácil saber de una persona, dónde está, cuándo, con quién…(Fernández, 2015). Por lo que sería interesante destacar la importancia de proporcionar tanto a los afectados como al público en general información que favorezca un adecuado uso de estas redes, llevando a cabo actividades preventivas y resolutorias.

Deshaciendo la relación tóxica

Es importante destacar que, pese a que sea difícil, se puede romper esa dinámica, se puede salir de una relación tóxica, y para ello existen diversas estrategias. Empezando, como en otros tantos trastornos, por conseguir que el afectado tome consciencia de su situación, para así poder saber que quiere cambiarla y que puede hacerlo, siendo casi obligatoria la intervención de un profesional para lograrlo de manera efectiva y lo menos traumática posible.

– Rompiendo mitos. No es mejor estar en pareja que solo, esa persona no va a cambiar por arte de magia, estos y otros tantos impiden que la persona rompa su yugo, que se lance a acabar con la relación y a abrirse a nuevas posibilidades, pues el miedo a la soledad, al rechazo y a perder a esa persona que les resulta imprescindible los frena y los mantiene en ese nocivo círculo vicioso de malestar.

– Reforzar la autoestima. Dado que diversos estudios ponen de manifiesto que todas, o casi todas, las personas que se ven atrapadas en relaciones de dependencia muestran una autoestima bastante deficiente, lo que las hace más vulnerables. Otras veces sucede que la autoconfianza ha sido minada por la propia relación, dificultando en todo caso la ruptura de esta. Por ello es primordial llevar a cabo un refuerzo de esa autoestima y del autoconcepto, favoreciendo que el afectado se vea a sí mismo como una persona independiente, fuerte y decidida, capaz de sortear cualquier obstáculo, en este caso una relación tóxica.

– Trabajar la tolerancia a la frustración. La baja tolerancia a la frustración afecta a estas relaciones, hay personas que no soportan sufrir, por ello cuando toman la decisión de cambiar de vida, de tener una vida independiente y que para lograrlo tienen que romper con esa relación tóxica… tienen que atravesar emociones como la frustración, la sensación de haber perdido el tiempo, el desamor, el desconsuelo, la tristeza… Pues como afirma Ramírez (2016): “La gente a la que le cuesta soportar estas emociones negativas lo que hace es evitar tomar decisiones que son buenas para su vida con tal de no atravesarlas”.

– Respeto: hacia uno mismo y hacia los demás. Si tú te respetas no permites que otros no lo hagan.

– Fijar metas y el camino que permita alcanzarlas. Al marcar unos objetivos definidos es más fácil establecer unos pasos para conseguirlos, es importante empezar por objetivos fáciles de lograr y una vez se alcanzan estos ir aumentando la dificultad, así se evita que la persona se frustre y por el contrario aumenta su motivación y su incitación al cambio.


Fuente con Licencia CC4.0: Psicomemorias – ¿En la unión está la fuerza? por Paula Martínez Barral.

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