N. abrió el armario malhumorada. Le faltaba ropa. La otra mujer debía habérsela robado. Al día siguiente seguro que la vería al otro lado del cristal riéndose de ella y luciendo su vestido favorito. Era la gota que colmaba el vaso. Al principio la otra mujer se limitaba a saludar, pero con el tiempo se mostraba cada vez más […]