La verdad es que no se me ocurría un título más atractivo y que a la vez no desvelara cuál sería el síndrome tratado en esta ocasión que el arriba escrito.

Cuando vi aquella ajada novela de Albert Camus en la estantería paterna, decidí en primer lugar disponerme a leerla (ya conocía su argumento gracias a la película dirigida por Luchino Visconti y para la cuál escogió como protagonista al galán italiano Marcello Mastroianni, un tándem que ya nos deleitó en “Noches blancas” con satisfactorio resultado y crítica y que no tuvimos la oportunidad de ver en una tercera ocasión en la gran pantalla).

Lo segundo que decidí, es no darle más vueltas al título a sabiendas de la importancia de un título atractivo. De esta forma, me dije autoconvencido, que la historia sería lo suficientemente interesante para que el título pasara a un segundo plano en este caso.

El símil con esta novela/película no pasa por el asesinato de un argelino a manos de un francés, como ocurre en la novela del francés, ni tampoco por la exposición durante el transcurso de este breve de un síndrome que le insta a cometer homicidios al que lo sufre.

Sabido es lo rica en matices y el trasfondo crítico de las obras de Camus, por eso cuando la leí lo primero que descubrí fue que su personaje, Meursault, personificaba la carencia de valores del hombre, degradado por el absurdo de su propio destino. Para este antihéroe, nada en la vida tenía la suficiente importancia puesto que todo él se encontraba sumergido en una angustia existencial severa.

Esta angustia severa (lo de existencial en este caso no tengo argumentos para poder decir si es así o no, por lo que lo omito para no crear molestia alguna) es la que deben sentir los enfermos del síndrome que tratamos en esta ocasión: “El síndrome del acento extranjero”.

Este síndrome fue descrito en 1907 por el neurólogo francés Pierre Marie. Figura destacada de la neurología francesa y mundial, por aquella época realizó otras muchas descripciones hoy día clásicas, como la que realizó sobre los efectos que tenía el desorden de la glándula pituitaria sobre el sistema endocrino, la cual sentó unas sólidas bases sobre las que se desarrollaría esta naciente disciplina científica.

Así, el síndrome de acento extranjero se trata de un déficit del habla en el que se ve afectada la prosodia, es decir, el acento o entonación. Este es el motivo por el que hace tanto sólo unas líneas decía que, el nexo de unión entre el título de la película que tomo prestado para titular esta séptima entrega de “Síndromes sin piedad” y este síndrome, era la angustia existencial.

Son numerosos los estudios que han determinado cuál es el impacto que tiene este síndrome en la comunicación cotidiana y en el perfil psicosocial de los afectados, contando con niveles muy bajos de interacción y participación social con los demás miembros del grupo de experimentación, en el que se incluyeron individuos control sin manifestación de la enfermedad que intentaban entablar conversación con éstos, con escaso éxito dicho sea de paso.

Es hora de dar paso a la tertulia y a la polémica, por supuesto científica, nada de crónicas rosas. Y es que además de las valiosísimas contribuciones a la ciencia ya citadas, Marie sacó tiempo para mantener una dura batalla dialéctica y neurocientífica con sus colegas Paul Broca y Karl Wernicke, de tal manera que mientras los últimos mantenían la postura de que la tercera circunvolución frontal izquierda y las lesiones ocasionadas en ésta provocaban afasia o incapacidad de hablar en el paciente, Marie llegó a publicar un ensayo de título un poco provocador: “La tercera circunvolución frontal izquierda no tiene un papel importante en la función del lenguaje”.

Síndrome del acento extranjero

Todo hacía pensar que la disputa se zanjaría cuando Broca, en su mentalidad anatomoclínica en la que asociaba la alteración de la palabra con síntomas de alteración mental, durante el examen post-mortem del cerebro de aquellos pacientes a su cargo que sufrían alteraciones del lenguaje, observó que todos ellos tenían en común la presencia de lesiones en esta zona cerebral.

No sabemos si el descubrimiento molestó en demasía a Pierre Marie, aunque a tenor de lo que publicó tras pedir ver a su colega Broca las muestras objeto de su trabajo, podemos deducir que no encajó muy gustoso la derrota científica.

Marie aseguraba que la correlación a la que llegó su compatriota era espuria, limitando la lesión descrita por Broca a la sustancia blanca de la cápsula externa de la tercera circunvolución frontal, lo que lo oponía a los dos tipos de alteraciones del lenguaje descritos por Broca, fruto del trabajo de sus investigaciones: afasia motora y amnesia verbal.

¿Qué tiene que ver este episodio polémico de la historia de la neurociencia con el síndrome del acento extranjero? No desesperen, aunque no lo crean, nunca dejo de seguir mi particular luz del norte: el relato como hilo conductor de mi conciencia divulgativa.

El motivo por el que se incluye en este breve sobre el síndrome del acento extranjero la disputa entre Marie y sus otros dos compatriotas neurólogos responde a que el síndrome está asociado al área de Broca, o lo que es lo mismo, la que hemos venido denominando a lo largo de esta narración como tercera circunvolución frontal izquierda.

Basta acudir a la literatura científica para darse cuenta rápidamente que la mayoría de casos descritos de alteraciones del lenguaje, que en el caso concreto de este síndrome acaban afectando a la entonación y al acento del individuo además de a otras características adicionales, se deben a traumatismos de cualquier índole que han afectado esta particular zona del cerebro.

Con mayor recurriencia, el caso que más se repite en los distintos tratados o artículos científicos es el de la aparición de una lenguaje telegráfico acompañado de una disminución en la fluidez del habla tras el sufrimiento de un accidente cerebrovascular en el área de Broca, como un infarto embólico, que acaba dejando como única secuela reconocible tras este suceso el acento o entonación propia de una zona geográfica ajena a la del individuo.


Fuente con Licencia CC3.0: Drosophila – 12 Síndromes sin piedad: El síndrome del acento extranjero por Eduardo Bazo.