La fibromialgia, enfermedad caracterizada por el dolor muscular crónico y la fatiga, va acompañada de muchos otros problemas que influyen negativamente en la vida del paciente.

Entre ellos, los más destacables son los trastornos del estado de ánimo, especialmente la depresión, trastornos del sueño y problemas cognitivos como dificultad para concentrarse.

Bajo un estado físico y mental como el descrito es frecuente que diversas áreas de la vida se vean afectadas, siendo la sexualidad uno de los aspectos en los que la enfermedad repercute con más fuerza.

Son muchos los factores que explican este hecho, pero el principal y más global tiene que ver con una característica propia de la sexualidad humana misma y más concretamente de la sexualidad femenina. A pesar de que existe gran diversidad en como cada ser humano vive su sexualidad, en general, ésta suele ser muy vulnerable a los estados emocionales negativos.

A veces simplemente un mal día repercute en nuestro deseo, tanto más lo hará la ansiedad, la depresión, el cansancio, y por supuesto el dolor y el miedo al mismo.

En la mujer esto suele incidir con más fuerza. Mientras que en el hombre el sexo puede ser una descarga ante un estado de tensión o una situación estresante, las mujeres suelen necesitar un buen estado anímico para disfrutar plenamente. Las teorías más biologicistas explican este hecho apelando a la “inversión” que supone para la mujer una relación sexual.

Lo cierto es que, independientemente de la explicación que intentemos dar al hecho, la sexualidad femenina es más vulnerable a los problemas físicos y anímicos.

Por otro lado, la fibromialgia es una enfermedad que afecta a un porcentaje mayor de mujeres que de hombres con una ratio aproximada de nueve mujeres por cada hombre. Por ello, la mayoría de estudios destinados a abordar la sexualidad en la fibromialgia se han centrado en problemas sexuales femeninos.

Las revisiones señalan que existen disfunciones sexuales en mujeres con fibromialgia en todas las fases de la respuesta sexual (en el deseo, en la excitación, en el orgasmo y en la satisfacción)

Entre las causas se encuentran:

  • El cansancio
  • El dolor
  • El miedo al dolor
  • La depresión
  • La irritabilidad
  • La falta de concentración
  • Efectos secundarios de los fármacos
  • Desregularización de algunos neurotransmisores
  • Y en algunos caso los problemas de incomprensión con la pareja.

Todas estas causas, así como los problemas que pueden darse el las diferentes fases de la respuesta sexual, influyen y se retroalimentan entre sí aumentando el problema o conduciendo a otro como pueden ser los conflictos o distanciamiento en la pareja como explicamos a continuación: Ante el descenso de la libido, natural por el malestar, suelen darse dos respuestas:

  1. Mantener una relación (normalmente por complacer a la pareja)
  2. Evitar cualquier aproximación sexual.

En el primer caso, si no hay suficiente excitación ni lubricación la relación puede ser dolorosa e incluso puede aparecer vaginismo, la dificultad para concentrarse y relajarse retarda o anula el orgasmo y, a veces tras el coito en ciertas posturas algunas mujeres refieren sentir más dolor especialmente en la zona baja de la espalda. Por ello, posteriormente pueden aparecer expectativas negativas ante una futura relación lo que incide en el descenso de la líbido.

En el segundo caso, el rechazo a la relación sexual conlleva incomprensión por parte de la pareja, sentimiento de baja autoestima en ambos y enfriamiento de la relación, condiciones que tampoco favorecen el deseo.

En muchos casos el sentimiento de incomprensión por parte de los que rodean al enfermo da lugar a que el paciente deje de expresar todo aquello que siente, por lo que aparece falta de comunicación en la pareja, en la que cada cual interpreta la situación a su modo. Ella se puede sentir incomprendida, él rechazado e inseguro.

Es este círculo vicioso que se genera el que es realmente patológico en la relación afectivo sexual de los pacientes con fibromialgia, más allá de los cambios en la sexualidad, que muchas veces no dejan de ser un cambio natural, pero no una patología.

En este sentido cabe puntualizar que en algunos estudios como el realizado por López y Alarcón no se constata la existencia de disfunciones sexuales en las pacientes con fibromialgia. Posiblemente debido, como las propias autoras afirman, a que se hizo mucho hincapié en que las participantes del estudio pensasen en la sexualidad en todas sus dimensiones y no únicamente como relaciones coitales.

Es decir, la enfermedad puede dar lugar a un menor deseo de practicar el coito pero no siempre disminuye el deseo de sensualidad, de contacto, de afecto físico…

Es más, la necesidad de contacto y de placer sensorial suele mantenerse, sin embargo, como ocurre en muchas otras circunstancias, la mujer puede no iniciar ese contacto o rechazarlo por considerar que ello conducirá al coito.

En este sentido, a modo de conclusión, es esencial expresar lo que apetece realmente, que la pareja sienta que se le sigue necesitando también físicamente y que no se pierda la comunicación afectiva y el contacto piel con piel.


Referencias bibliográficas

García Campayo, J., Aida, M. (2004) “La vivencia de la sexualidd en pacientes con fibromialgía: un estudio cualitativo”. Archivos de psiquiatría . Vol 67 (3)

López,I., Alarcón, R. (2011) “Evaluación de la vivencia y satisfacción de las mujeres con fibromialgia”


Fuente con Licencia CC3.0: Blanca Torres Psicóloga – Sexualidad y fibromialgia por Blanca Torres.

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