La eritrofobia, del griego erythro (rojo) y phobia (miedo) significa literalmente al rojo, no obstante este término hace referencia al temor y malestar intenso que presenta una persona ante el hecho de ruborizarse en público.

Se trata de una característica en la mayoría de casos de fobia social, pudiendo aparecer también entre personas tímidas.

El grado de malestar que produce la eritrofobia ha dado lugar a que deje de considerarse síntoma de otra patología (fobia social) para convertirse en por sí.

No obstante tanto la fobia social como el miedo intenso a ruborizarse son dos puntos extremos dentro de un continuo completamente natural entre los seres humanos que es el interés por ofrecer una imagen socialmente positiva para ser aceptado en el grupo.

Todos tememos, en mayor o en menor medida, una evaluación negativa por parte de los demás. Así, cuando nos encontramos en una situación embarazosa en público normalmente todos experimentamos una reacción fisiológica de nerviosismo que en muchas ocasiones va acompañada de rubor facial.

Esto se produce porque la situación que nos altera requiere una reacción por nuestra parte (normalmente de huida, aunque actualmente y en nuestra sociedad no sea lo más recomendable). Para preparar a nuestro organismo el sistema nervioso actúa permitiendo un aporte más rápido de flujo sanguíneo, lo cual se traduce en enrojecimiento facial.

En el caso de personas con fobia social toda situación que pueda conllevar evaluación por parte de los demás se convierte en una condición de peligro y por supuesto su sistema nervioso lo percibe como tal, reaccionando para “ponerse a salvo” y  proporcionando al organismo todas las respuestas necesarias para la lucha o huida: taquicardia, taquipnea, sudoración, aumento de la presión arterial…

De todas ellas la más visible, normalmente, es el rubor ocasionado por el flujo sanguíneo que a su vez va acompañado de calor intenso en las mejillas, lo cual es un indicador para la persona de que se está sonrojando. El problema es que al existir miedo a la evaluación de los demás, la persona también teme que los otros perciban su estado.

Se sienten vulnerables y expuestos por la evidencia de su reacción emocional que no puede ser ocultada. Por lo tanto cuanto más conscientes son de su rubor más intensa es la emoción y más se mantiene el sonrojo, convirtiéndose en un círculo vicioso que es vivido con bastante malestar.

Para escapar de la angustia de estas situaciones, las personas con fobia social suelen evitar las sociales, lo cual sólo sirve para agudizar el problema. Ya que, por un lado evitar toda interacción social es completamente imposible, y por otro la falta de relaciones y de contacto da lugar a más timidez y más ansiedad social.

Como cualquier miedo, la forma más eficaz de vencerlo es exponiéndose a él. En función de  las características personales y de la intensidad del problema pueden variar las formas de exposición, pero si se realiza de manera adecuada la resolución del problema suele ser rápida y eficaz.

Lo cual no significa que la persona deje de sonrojarse ya que como se ha explicado anteriormente el rubor facial forma parte de una reacción natural y la evitación total de esta condición es mediante una intervención quirúrgica, denominada simpatectomía endoscópica transtorácica, dirigida a bloquear los nervios simpáticos causantes de esta sintomatología.

Este suele ser el tratamiento de elección entre aquellas personas cuyo enrojecimiento es extremo y va acompañado de hiperhidrosis (sudoración excesiva). En estos casos puede existir una condición fisiológica específica más allá de la ansiedad.

No obstante cuando todo el problema procede de un trastorno de ansiedad la psicológica suele ser muy eficaz para reducir el temor y el malestar, tanto en situaciones sociales como ante la percepción del propio sonrojo.

Al desaparecer o disminuir el temor el cuerpo deja de reaccionar como si acechara un peligro, eliminando o reduciendo las reacciones fisiológicas como el sonrojo, permitiendo por tanto que la persona viva sus relaciones sociales sin angustia ni ansiedad.


Fuente con Licencia CC3.0: Blanca Torres Psicóloga – Eritrofobia por Blanca Torres.

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