Cada vez es menos habitual aquello de dedicar un tiempo a planificar la próxima semana. Muchas personas entienden que no sirve de mucho cuando hoy lo normal es que el día a día cambie tus prioridades y haga que tus planes salten por los aires.

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Afortunadamente muchas otras han descubierto que ante esta nueva situación hay también nuevas formas de organizarse y se han convencido de que una planificación semanal es un hábito básico para gestionar el estrés y ser personas eficaces.

Tanto en unos casos como en otros el trabajo se suele entender fundamentalmente como una cuestión de proyectos y tareas… y esto es algo que nos condiciona y nos limita.

Si yo soy en una gran medida en función de lo que pienso y de dónde pongo la atención es fácil que caiga en el “no tengo tiempo” y en estar menos orientado a personas y más orientado a tarea, en estar muy “On” con mis asuntos a tratar y “Off” en la atención a los estados emocionales. Y esto es algo que me puede restar intensidad vital… y eficacia.

Productivos con la tarea y con las relaciones

Desde hace muchos años se insiste en que el cultivo de la llamada inteligencia emocional nos puede llevar de normales a extraordinarios y los expertos no hacen más que indicarnos que el camino hacia los resultados y el éxito no es solo cuestión de “qué” hacemos sino de “cómo” nos relacionamos.

¿Tendría sentido planificar de alguna forma esta otra dimensión a veces tan descuidada?, ¿acaso “emociones” y “planificar” pueden ir en el mismo tarro? Depende de lo que entendamos aquí por planificar.

Es un hecho que llevamos nuestra vida allí donde ponemos nuestra atención. ¿Qué pasaría, entonces, si…

  • dedicáramos un tiempo semanal a hacernos algunas preguntas y tratar de responderlas (si proceden) de una forma concreta pensando en situaciones y personas con las que habrá que trabajar la próxima semana.
  • tomáramos entonces nota de algunas claves-respuestas que nos pudieran servir de guía:
    • algunas en momentos concretos del calendario como, por ejemplo, alguna reunión importante
    • otras puestas a la vista en algún sitio que llamara con facilidad nuestra atención para recordarlas con una cierta frecuencia como, por ejemplo, en nuestra mesa de trabajo.
  • fuéramos actualizando y mejorando esta guía desde nuestra propia experiencia.

¿Y cuáles son las consecuencias de no integrar bien esta dimensión emocional? ¿Te las puedes permitir?.

Preguntas emocionalmente productivas

Solo con afán orientativo, algunas podrían ser estas:

  1. ¿Cómo influir en general de una forma positiva y generar confianza durante esta semana? (tendiendo a sonreir, mostrando cercanía y comprensión, cuidando la cortesía, evitando charlas negativas)
  2. ¿En qué situaciones es importante que busque una orientación especialmente positiva (qué esfuerzos he de reconocer, qué temas han de cerrarse con un plan de acción, a qué asuntos hay que buscar una solución, en qué temas he de pensar antes de hablar, dónde debo mantener la calma)
  3. ¿En qué asuntos debo marcar límites? (de tiempo, de compromisos, decir “no”)
  4. ¿Qué aciertos he tenido esta semana pasada?, ¿Qué errores pasados no debo cometer esta semana?
  5. ¿Qué buenas noticias y nuevas oportunidades puedo compartir con los demás?
  6. ¿Con qué personas me gustaría ser especialmente empático y cómo y cuándo podría hacerlo?, Además, ¿de qué otra forma –si cabe- podría ayudarles?, ¿De qué forma puedo mostrar interés y atención sobre cada persona de mi equipo?
  7. Dado que mi energía emocional es limitada, ¿En qué asuntos debo concentrarla? (situaciones, conflictos, personas)

Si quisieras hacerte con tu propia lista ¿Qué preguntas te plantearías?.

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Fuente con Licencia CC3.0: KBidasoa – 7 preguntas para planificar una semana emocionalmente inteligente por Alberto Barbero.

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