Sin duda nos encontramos ante la más tiernas de las filias, la peluchofilia, o lo que es lo mismo sentir excitación sexual y placer a través de muñecos de peluche. Y es que hay peluches que están de muy buen ver.

Dentro de esta filia también encontramos, siendo términos prácticamente sinónimos, la ursusagalamatofilia consistente en excitarse con osos de peluche o personas disfrazadas de animales.

De manera general se asocia parafilia con perversión y, en ciertos casos (actividad peligrosa o que cause malestar agudo), se considera patología. No obstante en lo que respecta a esta atracción sexual, si existe algo que pueda considerarse patológico en ella, sería únicamente que la persona que la presenta no quiera sentir de ese modo.

Pero la parafilia y su práctica en sí, al menos a priori, no parecen entrañar ningún peligro; hasta los renos de peluche tienen las astas romas.

Es decir, bromas aparte, en esta filia el extremo patológico únicamente vendría dado por la percepción subjetiva de quien la experimenta.

Respecto a su origen, la explicación más común suele hacer referencia a los primeros contactos con peluches;  la sensación cálida y suave de los tejidos con los que se fabrican, como causa de una posterior excitación sexual.

En , de ser así, prácticamente la mayoría de humanos seríamos peluchifílicos. No obstante, en ciertos casos la causa puede estar relacionada con esas primeras experiencias, pero no únicamente por sentir suavidad y confort, sino directamente por las primeras sensaciones sexuales infantiles vinculadas al contacto con peluches.

En este sentido el psicólogo Martin Seligman afirma que la mayoría de parafilias y fetichismos surgen en la infancia por condicionamiento clásico, como resultado de un momento de excitación o placer conseguido a través de un objeto determinado o asociado a él; surge así el objeto fetiche.

Ahora bien, para que llegue a convertirse en filia o en fetichismo es necesario que el placer vinculado al objeto se produzca más de una vez, ya que, excepto en el condicionamiento aversivo-gustativo requerimos más de una exposición para asociar dos estímulos.

Por tanto, y sin olvidar que desde la primera infancia existe respuesta sexual, pueden darse casos en los que niños y niñas se estimulen con el peluche o estando en contacto con él, a veces de manera totalmente casual; si dicha estimulación es sexualmente placentera y se repite del mismo modo en diversas ocasiones, podría aparecer la denominada peluchofilia.

Aunque el condicionamiento clásico ofrezca respuestas a diversos estados emocionales, conductas y reacciones humanas, entre otras las sexuales, desde mi punto de vista no es el único factor causal, al menos entendido como una única asociación simple acontecida en la infancia.

Otros factores que pueden predisponer a la peluchofilia poseen un carácter más cultural y simbólico como el contraste de un objeto infantil en un contexto sexual, o la ambigüedad del erotismo infantilizado.  En cualquier caso, se trata de una práctica sexual completamente inofensiva, un juego en el sentido más amplio de la palabra.


Fuente con Licencia CC3.0: Blanca Torres Psicóloga – Peluchofilia (ursusagalamatofilia) por Blanca Torres.