Hay una frase que reza: “En mi indefensión radica mi seguridad”.

Cuando se experimenta culpa es muy probable que la primera reacción sea la defensa, y hay quienes dicen que no hay mejor defensa que el ataque. Así es como es muy frecuente de ver, que cuando una persona experimenta la culpa su forma de expresarse a la defensiva es atacando y/o justificando sus actitudes culpando a otros.

La culpa es un sentimiento nocivo y muy difícil de erradicar. Podría considerarse como un sentimiento fantasma, un espectro que sólo puede existir en la obscuridad, lejos de la consciencia.

De volverse consciente, la persona que experimenta culpa, se daría cuenta lo insensato que es.Viéndolo desde el punto de vista de la ignorancia, del desconocimiento de las causas y las consecuencias en toda su magnitud y desarrollo, uno toma consciencia de lo insensato que es el juicio y la condena de las actitudes.

Descontando el hecho del reflejo del malestar que causa juzgar y culpar a otros, siendo que en el mismo instante comienza a surgir ese sentimiento dentro que revela ese aspecto que se está condenando,  en el mismo interior.

Y la culpa, en definitiva, se vuelve ese espejo donde miramos condenando aquello que no aceptamos de nosotros mismos, esa condición, aspecto o pensamiento, que por esa obsesión perfeccionista-moral, hemos ocultado muy en el fondo donde ya ni siquiera podemos ver ni reconocer.

La culpa se mantiene viva gracias a esa reacción automática y cada vez más perfeccionada de condenar ante todo, luego sufrir las consecuencias y por último montar el ataque en defensa.

Si tan solo reconociéramos nuestra ignorancia antes de emitir un juicio condenatorio, nuestra vida se haría más liviana. Algo tan simple como el experimentar la consciencia de la ignorancia puede hacer milagros en el mundo.


Fuente con Licencia CC3.0: Con Suma Salud – La culpa al ataque por Con Suma Salud.

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