La empatía es un sentimiento de percibir, compartir y entender las emociones o el estado mental de otra persona. Se ha corroborado en múltiples estudios que el sentimiento de empatía está estrechamente relacionado con la activación de las áreas del cerebro que procesan la información a la cual somos empáticos.

La hipótesis más aceptada hasta este momento es que nosotros “entendemos” el sentimiento del otro (somos empáticos) al representar en nuestro cerebro lo que les está sucediendo.

Cuando vemos a una persona con dolor, nuestro cerebro activa distintas áreas que participan en el procesamiento del dolor propio, entre ellas la corteza insular y la corteza del cíngulo anterior.

De hecho, la corteza insular y la corteza del cíngulo anterior están muy relacionadas al procesamiento de la información afectiva y motivacional del dolor (por ejemplo, el sufrimiento); en contraparte, otras partes de la corteza cerebral se dedican a procesar la información sensitiva del mismo (dónde nos duele, cómo nos duele, qué tan fuerte nos duele).

En un trabajo que fue recientemente publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) se corroboró que la empatía al dolor ajeno es codificada, al menos en parte, por una serie de estructuras implicadas en el procesamiento del dolor propio (una vez más, corteza del cíngulo y de la ínsula); además, encontraron que reducir de forma experimental el dolor propio reducía la empatía por el dolor ajeno. Este último hallazgo, lejos de ser un fenómeno puramente psicológico, tiene una fuerte base neuroquímica.

En otro estudio publicado en el mes de septiembre del 2015 (véase este artículo) se reportó qué tanto influía el género y atractivo físico de la persona que padece dolor en activar las áreas cerebrales implicadas en la empatía al dolor.

De forma sorprendente las mujeres atractivas y los hombres poco atractivos desencadenaron mayores respuestas en la corteza de la ínsula y en la corteza del cíngulo, mientras que la respuesta fue menor para las hombres más atractivos (los invitamos a revisar el artículo para saber las interesantes opiniones de los autores acerca de sus resultados).

Por último, un estudio del 2010 reportó que los médicos poseen menos empatía y tienen un procesamiento diferente del dolor ajeno que los no-médicos. En este estudio los autores defienden la postura de – que una falla de la regulación emocional al dolor ajeno podría provocar estrés, burnout (estrés laboral) y detrimento de la calidad de vida de los médicos- y que por esto es deseable la desensibilización al dolor ajeno.

Es deseable que el médico pueda ejercer su juicio clínico modulando su respuesta emocional al padecimiento del paciente; sin embargo, la deshumanización del paciente y la total falta de empatía al dolor del mismo es un evento atroz, que suele verse en los servicios médicos y que debe ser erradicado.

“El único dolor tolerable es el dolor ajeno” René Leriche, cirujano francés.


Bibliografía:
Rütgen M, Seidel EM, Silani G, et al. Placebo analgesia and its opioidergic regulation suggest that empathy for pain is grounded in self pain. Proc Natl Acad Sci U S A. 2015 Sep 28. pii: 201511269.

Jankowiak-Siuda K, Rymarczyk K, Żurawski Ł, et al. Physical attractiveness and sex as modulatory factors of empathic brain responses to pain. Front Behav Neurosci. 2015 Sep 7;9:236. doi: 10.3389/fnbeh.2015.00236.

Decety J, Yang CY, Cheng Y. Physicians down-regulate their pain empathy response: an event-related brain potential study. Neuroimage. 2010 May 1;50(4):1676-82.


Fuente con Licencia CC4.0: NeuroMéxico – La empatía hacia el dolor ajeno por Alfredo Manzano.