La creatividad ha sido y sigue siendo una de las grandes incógnitas de la psicología. No solo se trata de un constructo sumamente difícil de medir, cuantificar y evaluar, sino que se ha tratado de un término sometido a un encarnizado debate: ¿están la creatividad y la salud mental relacionadas?

La creencia de que la patología mental está de algún modo ligada a la creatividad se ha sostenido como un gran pilar del pensamiento colectivo desde tiempos remotos. No en vano, el psiquiatra Albert Rothenberg, teórico que acuño el término pensamiento janusiano, afirma que “el comportamiento anómalo, ya sea mostrado de forma excéntrica o de peores formas, no solo se asocia a los genios y a los individuos con una alta creatividad, sino que con frecuencia, es lo que se espera de ellos1.

El creativo es un explorador, eso no escapa absolutamente a nadie, y esta exploración no es más que la búsqueda de inspiración pero ¿exploración a donde? Ésta es una de las grandes dudas, en términos generales, siempre se ha asumido que dicha exploración/inspiración requiere de regresiones a estados irracionales que, en definitiva, nos permiten acceder a símbolos inconscientes y pensamientos ocultos a los que no podemos acceder con facilidad.

Con todo, la gran cuestión es si dicha exploración/inspiración, conlleva el peligro de la patología mental. Ésta noción ha existido desde que el hombre dispone de razón y en la antigüedad Platón ya hablaba de la creatividad como un regalo en forma de locura divina; y Aristóteles afirmó que “no ha existido ningún gran genio que no estuviera mínimamente loco”.

El daimon

Entonces, ¿son el genio creativo y la patología mental dos caras de la misma moneda? Retrocediendo un poco, vayamos a la definición de diccionario: crear es, según el diccionario “dar realidad a algo a partir de la nada”. Estamos hablando de un acto sumamente poderoso, más aun cuando hablamos de la creatividad genuina y con carácter innovador.

Este acto siempre ha estado fuera del alcance de la explicación positivista y, si bien existen teorías racionales, éstas nunca alcanzan el grado de verdad científica inquebrantable.

Durante gran parte de la historia de la psicología, y aun ahora y en palabras de la Dra. Kay Redfield Jamison, se ha explicado la creatividad como “la expresión irracional e intuitiva de un psiquismo oculto e inalcanzable que además, moviliza una fuerza que resulta desconocida y maravillosa para la mente convencional2.

Y así, de nuevo, aparece ese psiquismo inexplicable y oculto. La gran pregunta radica en quien recae la responsabilidad sobre ese psiquismo, sobre esas ideas innovadoras y creativas.

Hoy en día, el único responsable de dichas ideas es el creador de las mismas y, por tanto, el creativo es el invocador, interprete y reproductor de dicho psiquismo. En la antigüedad tal y como apuntamos anteriormente, este psiquismo, este “genio interior” (daimon), era algo ajeno que había sido regalado y sobre lo que no se tiene un control explicito.

Nos hemos de dar cuenta del peso muy distinto que tienen ambas nociones. En el primer caso, la exploración/inspiración depende únicamente del creador, el éxito, el fracaso, la alimentación del ego y el narcisismo,… todas y cada una de las tensiones derivadas del proceso creativo recaen en el tejado del creador.

Esto es peligroso, porque un explorador que no encuentra aquello que busca, en el afán por encontrarlo puede ir demasiado lejos, a lugares de los que no se puede regresar o que, como mínimo, no está preparado para explorar.

En el segundo caso, las tensiones son compartidas, el creativo hace de interprete y reproductor, pero no invoca, no controla ésta fuerza extrínseca que va y viene y, en consecuencia, la exploración, el esfuerzo y el fracaso, nunca son un determinante para el ego y la valía personal. Esta noción de creatividad como algo extrínseco, regalado y no propio, es tratada por Elizabeth Gilbert (autora del best seller Come, Reza, Ama) en su charla Darle alas a la cratividad.

Os dejamos con dicha charla y, en futuras entregas de éstas elucubraciones sobre la creatividad exploraremos más aspectos de la relación entre salud mental y genio creativo, intentando no perdernos por el camino.


1. Rothemberg, A. (1993). Creativity: Complex and Healthy. Psychological lnqury, 3, 217-221.

2. Jamison K.R. (1993). Touched With Fire: Manic-Depressive Illness and the Artistic Temperament. New York: Free Press.


Fuente con Licencia CC3.0: Idou Psicología – Creatividad y Psicopatología (I) por Idou Psicología.