Hace tiempo que se repite como un mantra la necesidad de salir de la “zona de confort” para desarrollarse profesional e incluso personalmente. En una definición de andar por casa, la zonita de marras sería ese lugar simbólico en el que, como controlas razonablemente bien las tareas a realizar, te apalancas y dejas de pensar en innovar.

Hasta que un mal día te despiertas preguntándote “quién se ha llevado mi queso” (otra banalidad convertida en best seller). Entiendo que se pretende sacudir las inercias, las rutinas, el aquí-siempre-lo-hemos-hecho-así, la pereza, el conformismo, etc. Y estimular la creatividad, el potencial innovador, la capacidad emprendedora… Pero, francamente, aburre y molesta.

He oído recitar esta letanía a personas a las que respeto y a gente que confunde pensar con hilvanar lugares comunes. La he oído utilizar como arma arrojadiza, como amenaza y, a veces, en un alarde de autocomplacencia en el que, quien la pronunciaba, se sentía, al parecer, un aventurero de tomo y lomo. Como resultado de mi experiencia particular, he llegado a algunas conclusiones:

1. La zona de confort no existe

Si alguna vez existió algo parecido a la “zona de confort”, hace años, muchos años, que desapareció. Desde que esa otra amenaza del fin del trabajo empezó a extenderse y la proliferación de las TIC hizo innecesarias cada vez más tareas desarrolladas por personas, la famosa “zona” se disolvió en la nada. ¡Están los tiempos como para acomodarse!

2. Las condiciones laborales actuales son más incómodas que hace años

Imagino que un rentista que tenga el riñón cubierto, un funcionario poco inquieto o un político profesional, pueden vivir en algo parecido a la zona de confort. A la mayoría de la humanidad me temo que ya nos gustaría vivir y trabajar confortablemente, aunque fuera de vez en cuando. Porque lo cierto es que ahora, por ejemplo, no es raro trabajar más horas que antes, en más proyectos y encima con unos ingresos y expectativas inferiores.

3. El cambio está en el ADN de toda organización viva

En los 22 años que llevo trabajando en la misma organización (¿la misma?; ¡ni de lejos!), me ha tocado elaborar materiales didácticos, facilitar decenas de talleres, conferenciar de lo lindo acerca, sobre todo, de drogas y prevención, dirigir equipos, formular proyectos, coordinar evaluaciones, gestionar presupuestos, justificar subvenciones, crear contenidos para varios sitios web, gestionar blogs y cuentas de twitter corporativas, viajar por toda España, media Europa y buena parte de América (sobre todo latina), pasar de las drogas a temas de interculturalidad, habilidades para la vida, emprendizaje social, mantener reuniones en inglés y francés, dos idiomas que estoy a años luz de manejar fluently… ¿Zona de confort? Qu’est-ce que c’est que ça?.

4. Algunos mantras del management tienen mucho de “pensamiento débil”

Si esto era así antes de la crisis, ni te cuento lo que es desde su desencadenamiento. Casi parece insultante que en situaciones como la actual, y teniendo ya a la espalda unos cuantos maratones profesionales, te venga un gurú de última hora (o un mal gestor cuyo modelo de negocio es “el pesebre”, lo que aún resulta más irritante) a repetir aquello de “renovarse o morir”.

5. El confort es un logro de la humanidad

A pesar de todo, la zona de confort, cuando y donde exista, no es necesariamente mala. Los avances tecnológicos en determinadas profesiones llevan a pasar de un tipo de actividad a otro, pero sigue habiendo tareas “rutinarias” que es necesario hacer. ¿Lo seguirán siendo pasado mañana? Pasado mañana todos calvos, como reza el sabio aforismo.

Para entonces habremos transitado, quien más o quién menos, con contadas excepciones, por multitud de actividades, compromisos y responsabilidades, en la misma empresa, en varias o, como en mi caso, simultaneando trabajo remunerado y voluntariado para compartir algunas de las cosas que creo haber aprendido.

¿Zona de confort? Más de un día pienso que ya me gustaría saber dónde está eso, que me voy para allí pero ya. Para mí es poco más que otro de esos conceptos banales de un management pretendidamente neutral y  saturado de ideología neoliberal.


Fuente con Licencia CC4.0: Juan Carlos Melero – 5 dardos contra el mito de la Zona de Confort por Juan Carlos Melero.

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