Actualmente, los adultos vivimos muchas veces bajo presión. La sociedad nos exige y nosotros nos exigimos todavía más. Y  lo peor es que las exigencias que vivimos los adultos las trasladamos a los bebés, pero su cerebro y su cuerpo no están preparados para vivir en situación de estrés como vivimos los adultos.

Conozco a adultos que comen mal y rápido para trabajar más, duermen poco porque quieren aprovechar el tiempo que están fuera del trabajo y se toman estimulantes (cafeína, bebidas energéticas o creatina) para machacar más su cuerpo en el gimnasio. En definitiva, que nos exigimos más de lo que nuestro cuerpo y nuestra mente pueden soportar.

Trasladando esto al mundo de los bebés, en nuestra sociedad vemos situaciones tan drásticas y antinaturales como que:

Presionamos a las familias para que los bebés dejen el pecho a los 4 meses. De este modo, cuando el bebé va a la guardería empieza a comer papillas (y dicho sea de paso… no parece tan malo que haya dejado el pecho porque “parece que se alimenta más”, aunque no mejor).

Esperamos que los bebés de 6 meses se duerman solos.

Motivamos a los padres para que aprendamos ejercicios de “estimulación temprana” que debemos practicar con los bebés como una tarea más en nuestro estresado día a día.

¿Y qué entendemos por “estimulación temprana”? Consiste en ofrecer entornos ricos y estímulos intelectuales y físicos a los bebés para que les permitan ser mejor de lo que hubieran sido sin ese entorno rico.

Buf… si eres padre o madre de un bebé debes pensar “¡Qué estrés!” Resulta que si no ofrecemos este entrono cuidadosamente estudiado para estimular a nuestro bebé… ¡le estamos privando de desarrollar capacidades y habilidades mejores de cómo son ahora!

Bueno, respira profundamente. Nada de sentirse culpable por no llegar a todo. Está muy bien el proporcionar un entorno rico a un bebé. El tema es tener en cuenta qué entendemos por “rico”, y si esto ejerce una presión a los padres a la hora de evaluar los resultados.

Por un lado, un entorno rico no quiere decir cargado de cosas, que hagan ruido y se muevan. Puede ser simplemente con pocos materiales con diferentes texturas o cajas con tapa a su alcance.

Por otro lado, el peligro de preparar un entorno rico previamente estudiado es esperar unos determinados resultados, es decir, evaluar a un bebé en función de su respuesta a este entorno. Nos encontramos en esta situación cuando el pediatra o la vecina pregunta “¿pero todavía no anda?, claro, no le dejas… pues entonces debes ponerlo en un andador y obligarle a andar dejándole los juguetes lejos”.

Pero realmente, hay aprendizajes que dependen más del estado de maduración del bebé que de la fuerza de voluntad y la propuesta de estímulos de los padres.

De modo que hay que tener cuidado al preparar entornos de estimulación temprana y debemos ser muy respetuosos con los tiempos del bebé. Realmente, estas situaciones de estrés y presión no propician para nada el aprendizaje ni el bienestar de los bebés.

Premisas a tener en cuenta sobre el aprendizaje de un bebé

aprendizaje bebé

Antes de explicar qué puedes hacer para incentivar el aprendizaje de un bebé menor de 1 año, vamos a revisar ciertas premisas:

  1. El bebé tiene una capacidad innata para querer aprender, pero en lo que el bebé quiere y en el momento que quiere o está preparado. Por ejemplo, antes de poder hablar, se deben dar ciertos estados de maduración del cerebro que le permiten fijarse en el hablar, querer imitarlo y poder hacerlo.
  2. El bebé aprende también mientras duerme. Se han realizado estudios de bebés de 1 día que respondían a estímulos repetidos mientras dormían. (Fuente:Los recién nacidos aprenden incluso cuando están durmiendo). Además, dormir ayuda al bebé a retener lo aprendido. De modo que proporcionar un buen descanso al bebé es ayudarle a desarrollar mejor sus capacidades.
  3. ¿Cómo aprenden los bebés? Aprenden a través de los sentidos: observando, tocando, escuchando, probando y explorando. Por ejemplo, cuando tienen pocos meses se ponen todo lo que encuentran en la boca (desde su mano hasta las piezas de Lego del hermano mayor).
    También aprenden a través de la interacción con el mundo y por imitación. Por eso es bueno dejarles hacer. Si tienen interés en coger ellos la cuchara, es bueno dejarles probar. No hace falta que le digas, “no, así no que se te va a caer” porque lo aprenderá mejor cuando vea que cae… De modo que si te pone nervioso/a dejarle hacer, puedes probar a darle cosas que pueda coger con la mano para comer, será más fácil para él, tú estarás más tranquilo/a y eso le ayudará.
  1. ¿De quién aprenden y con quién aprenden? Aprenden de quien están más conectados, observándoles e imitándoles. Y aprenden con personas de su confianza y su alrededor. Si no hay vínculo, no hay interés ni tranquilidad para aprender.
    Cuanto más pequeños son, el vínculo es más exclusivo. Al principio, durante los primeros meses de vida, sólo tienen una figura de apego primaria (normalmente la madre), después van ampliando el abanico conforme van creciendo con las personas más cercanas (el padre, hermanos o abuelos).
  1. ¿Cuándo aprenden? Cuando se sienten seguros, es decir, cuando no deben sufrir por su supervivencia. Hay que tener en cuenta que si un bebé está lejos de su cuidador primario (sí, normalmente la madre) puede sentir que peligra su vida (está programado para que sienta esto y reclame a su madre para asegurar su supervivencia). Por tanto, será más fácil que aprendan en un entorno conocido con personas conocidas.

Así que tenemos que tener en cuenta que si un bebé no aprende algo, tal vez no sea por falta de estímulos o por falta de maduración, sino por tener los estímulos en un entorno en el que no se siente seguro.

Si está en un ambiente sin sus figuras de apego que le dan seguridad, en este estado de alerta, de inseguridad, será mucho más difícil que aprenda. El cortisol es una hormona que se libera en respuesta al estrés (o el estrés se produce al liberar cortisol, no está claro si primero es el huevo o la gallina).

El caso es que un bebé libera cortisol cuando no está con su figura de apego primaria y no se siente seguro, y el cortisol daña las células del hipocampo, provocando problemas de aprendizaje y memoria.

Entonces, ¿Qué puedes hacer para incentivar el aprendizaje de un bebé menor de 1 año?

  1. Vivir tu vida con él. Si puede ser, pegado a ti. Un portabebés es la forma más cómoda y práctica de hacerlo (la posición ergonómica es sentado mirando hacia tí, con la piernas y el culito en forma de M). Cuando paseas por la calle, saludas y hablas con personas a las que ves, haces la compra o te subes al autobús, todo esto son oportunidades de aprendizaje excelentes que pocas veces tenemos en cuenta.
  2. Cuando el bebé no es capaz de sentarse de forma segura, el mejor sitio en el que puede estar es en tus brazos, en tu portabebés o en brazos de alguien de mucha confianza para él (padre, abuelos, tíos…).
  3. Cuando ya es capaz de sentarse, ofrecerle materiales seguros y lo más naturales posibles a su alcance (telas, piezas de fruta o de madera, muñecos de lana, cajas o botes con tapa, etc.).
  4. Cuando ya es capaz de desplazarse por sí solo (gateando, culeando, arrastrándose o caminando) dejarle vía libre para que explore y experimente. Para ello debes hacer una revisión de los peligros de tu casa observando tu casa desde su altura.
  5. En todos los casos, el bebé debe descansar el tiempo necesario para su edad. Ya hemos visto que dormir afianza el aprendizaje.

Espero que te sea útil todo lo que he compartido contigo en este artículo. Si te ha gustado, compártelo con quien crees que le puede ayudar. Si piensas en otras formas de incentivar el aprendizaje de un bebé pequeño, compártelo en los comentarios.


Fuente con Licencia CC4.0: INED21 – Cómo estimular el aprendizaje en bebés menores de un año por Bet Paré.

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