En una ocasión le preguntaron a Bertrand Russell: “Si le dieran a escoger entre saber más o ser feliz, ¿qué preferiría?”. A lo que él respondió: «Es extraño, pero preferiría seguir aprendiendo». Y es que como reza el lema de este blog , Sócrates siempre decía que una vida no reflexionada no merece ser vivida.

Si no fuera así, si no reflexionamos sobre ciertas cuestiones aunque nos provoquen dolor, ira, tristeza, ¿merecería la pena? ¿Quien sería capaz de vivir anestesiado por tal de evitar el sufrimiento?.

Solemos relacionar Felicidad con un fin o el transcurso de una actividad nuestra. Y en muchas ocasiones aunque nos dé problemas, o preocupaciones, parece que nos merece la pena pues no queremos abandonar el juego. Los seres humanos nunca podremos ser completamente felices, porque ser completamente felices significaría estar en un estado de goce que sería inamovible.

Y es que, aunque estés bien, si sabes que ese estado se puede acabar ya no serías completamente feliz. Las cosas malas de la vida nos ofrecen ese punto de contraste que nos hace disfrutar más y mejor las cosas buenas. Si con la madurez y las experiencias aprendes a apreciar el valor de las cosas, con la Felicidad es exactamente igual.

Nos contaba Eduard Punset que los científicos habían demostrado que “la Felicidad estaba en la antesala de la Felicidad” y ponía el ejemplo de su perra: Un perro no es feliz cuando come. El perro salta, ladra, mueve el rabo mientras le preparan la comida; una vez que tiene el plato delante, lo más probable es que apenas le haga caso.

A las personas nos pasa igual, muchas veces nos motiva más la idea de hacer algo, de decir algo, de sentir algo, que el propio acto. Pero a menudo se nos olvida disfrutar del camino porque nos centramos demasiado en la meta cuando en realidad buscamos satisfacción, ya sea fisiológica, cultural, afectiva…

Algo que sabemos que tiene “caducidad”, pero que es más factible que ese concepto tan amplio que supone pensar en “Felicidad”. Los avances y la sociedad han hecho que muchas de nuestras molestias, o problemas, desaparezcan… Esto implica por otro lado que el más mínimo inconveniente lo encontremos insoportable.

Personas que a la más mínima se sienten incapaces de resistir y renuncian, montando su particular drama. Atraídos por lo fácil. Movidos, una vez más, por lo que imponga la sociedad.

Puede que nuestra mejor aspiración sea conservar un estado de alegría más que de Felicidad. Creo que esto es algo que cada cual debería pensar a título personal. Que cada vez nos cueste más sentirnos satisfechos quizás sea una mala señal. Parece importante pues, pensar en esas concretas de Felicidad que sean más sociables: que impliquen conversar, reír, compartir o divertirse.

Si ser felices fuera tener 100 millones en un banco, ¿no lo sabríamos ya a estas alturas de la vida? El dinero, la fama o similares son una promesa de Felicidad mientras se tengan. Pero tampoco pretendo ser demagogo. No tener dinero te puede amargar la vida, necesitamos el dinero para muchas cosas en esta vida.

Pero eso no significa que no sigamos teniendo un inmenso abanico de posibilidades para sentirnos satisfechos. Y para eso nos ayuda la cultura, una persona culta necesita mucho menos que la inculta para divertirse porque la primera sabe cómo generar esos recursos que la hacen sentirse bien, sentirse feliz.


Fuente con Licencia CC4.0: Filosoqué – Apuntes rápidos sobre la felicidad por Francisco Jiménez Espejo.

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Apuntes rápidos sobre la felicidad
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