Vale, somos humanos. Nos equivocamos continuamente. Y volvemos a equivocarnos a cada paso. Nos resulta muy difícil cambiar el comportamiento. Es posible que, por tercera vez este año, te enfrentes a una dieta sin conseguir tus objetivos. O que sigas discutiendo con tu pareja sobre las historias de siempre.

Lo mismo pasa con tu hijo. Cambiar la conducta de un adolescente puede resultar difícil. La adolescencia es una etapa de cambios y conflictos. Tu hijo se equivocará continuamente. Pero al contrario de lo que pueda parecer, está en un buen momento para establecer comportamientos y hábitos correctos.

En este artículo vamos a darte las claves para conseguir cambios en su conducta.

¿Cómo cambiar el comportamiento de un adolescente desde cero?

En la Psicología hemos aprendido que una de las mejores formas de modificar la conducta es actuar sobre sus antecedentes o sus consecuencias. Por ejemplo, si recibes un chispazo cada vez que tocas tu frigorífico es muy probable que no te vuelvas a acercar a menos de un metro del aparato.

La consecuencia de tu comportamiento, es decir, el chispazo cuando tocas el electrodoméstico, hace que tu conducta cambie. Verás a tu frigorífico preferido como un estorbo, como un trasto viejo indeseable. Posiblemente terminarás por llamar a algún especialista que pueda eliminar ese incordio de tu vida.

En el ejemplo se está modificando tu conducta debido a sus consecuencias. Pero también hay otros ejemplos en los que se puede cambiar el comportamiento por sus antecedentes.

Imagina que te preparas un examen que tendrás la semana que viene. De repente durante una clase, el profesor promete repetir las preguntas del año pasado porque quiere ponértelo fácil. Es muy probable que solamente estudies la materia referida a esas preguntas. Dejarás de lado el resto de contenidos y te centrarás en aquello que sabes que va a ser evaluado.

En este caso tu comportamiento cambiará dados los antecedentes.

Con estos dos ejemplos podemos entender que como seres humanos intentamos optimizar energía y evitar peligros o daños reales.

Antecedentes y consecuencias del comportamiento

Conociendo los antecedentes y las consecuencias de los comportamientos tu cerebro elabora un plan de actuación que a veces de forma inconsciente llevas a cabo. Para entenderlo mejor vamos a estudiar de manera más detallada la diferencia entre los antecedentes y las consecuencias.

  • Los antecedentes de la conducta: es fácil entender que dependiendo de cuál sea nuestra visión del mundo tendremos tendencia a actuar de una u otra forma. Incluso nuestra personalidad o nuestro estado de ánimo pueden influir en la forma en la que nos comportamos en un determinado momento. Todos estos factores son antecedentes que nos predisponen a tener unas reacciones u otras.
    Por ejemplo, imagínate que tu hijo trae las notas y ha tenido un carro de suspensos. Muy probablemente no actuarás de la misma forma si te enteras durante un soleado fin de semana en la playa con tu familia, que si la noticia llega cuando acabas de regresar a casa cansado del trabajo. El contexto que te rodea también es un antecedente que determina tu conducta.
    El mismo ejemplo sobre antecedentes sería tu profesor, demasiado benévolo, que repite las preguntas del año pasado en tu próximo examen.
  • Las consecuencias del comportamiento: cuando una conducta tiene un efecto inmediato se verá fuertemente condicionada. Hay muchas consecuencias posibles de un comportamiento, tanto positivas como negativas.
    Imagina que cuando tu hijo trae unas notas brillantes le refuerzas y le dejas claro lo orgulloso que estás de su esfuerzo. Es muy probable que tu hijo se sienta satisfecho por ello y quiera volver a repetir su hazaña. Tus elogios actúan como refuerzo positivo para él y son una consecuencia agradable de su comportamiento que hará que se repita con mayor probabilidad.
    ¿Recuerdas tu frigorífico? Su avería se convierte en una consecuencia que modifica tu conducta de acercarte a él.

Lo mismo pasa al cambiar el comportamiento de tu hijo. Un adolescente es una máquina de calcular probabilidades que va evaluando su entorno para convertirse en un organismo ahorrador y en un superviviente a cada paso.

A partir de estas premisas la Psicología ha creado varias técnicas robustas que han demostrado su eficacia para el cambio de conducta. Aquí te las describimos, pero debes aprender a aplicar cada una de ellas para tu situación particular.

La receta mágica para cambiar el comportamiento

Ahora te proponemos un resumen de las técnicas de modificación de comportamiento utilizadas en Psicología durante años. En otros artículos iremos describiendo cada una y planteando ejemplos para que puedas utilizarlas de forma eficaz.

Técnicas para establecer, mantener o aumentar conductas

  • Reforzamiento: se refiere sencillamente a ofrecer premios por un buen comportamiento. Hay toda una tradición dedicada a perfeccionar la concesión de premios y se han mejorado mucho las estrategias.
  • Instigación: con este tecnicismo nos referimos simplemente a técnicas que emplean apoyos externos para que el adolescente aprenda la conducta objetivo. Es decir, que se la expliquemos, cambiemos el contexto donde ocurre esa conducta o que vea a alguien que la esté realizando para memorizarla.
    Se puede explicar el comportamiento que queremos conseguir con instrucciones verbales, gestos o imágenes, incluso ayudándole físicamente a desarrollarlo. Por ejemplo cuando le enseñas a lanzar un balón de baloncesto a canasta y colocas sus manos. En el caso de que tu hijo lo aprenda de otra persona ten en cuenta que los modelos pueden ser positivos o negativos. Incluso tú mismo puedes ser su modelo en determinadas conductas sin que te des cuenta.
    Además habrá ocasiones en las que podrás modificar el ambiente para favorecer el aprendizaje. Imagina que pides al profesor que cambie a tu hijo de sitio porque se distrae en clase con su compañero y ha empezado a sacar malas notas.
  • Establecimiento: se utiliza para crear nuevas conductas que antes no existían. Se puede empezar premiando comportamientos parecidos, o dividiendo la conducta objetivo y trabajar por partes para conseguir finalmente su desempeño.
    Por ejemplo si quieres que tu hijo empiece a hacer deporte una forma de conseguirlo con este método es ir modificando sus hábitos y sus amistades. A medida que vas premiando sus nuevas actividades y salidas con amigos diferentes estará más cercano al objetivo de que comience a practicar deporte.

Herramientas para eliminar o reducir conductas

  • Refuerzo diferencial: se basan en uso de premios por lo que son más aceptadas, aunque a veces no queda otra solución para que sean eficaces que castigar. Hay varias opciones.
    Puedes premiar el que no ocurra el comportamiento que quieres evitar. Por ejemplo, si tu hijo fuma y le premias a medida que va reduciendo su consumo de tabaco.
    También es posible premiar otros comportamientos que sean incompatibles con el que quieres eliminar. Siguiendo con el ejemplo del tabaco, podrías premiar a tu hijo si en vez de en tabaco gasta su dinero en ropa. Al hacerlo no tendría dinero para fumar y por lo tanto serían comportamientos incompatibles.
  • Castigo: es lo primero que te viene a la cabeza cuando tu hijo te da un disgusto. Sin embargo es muy raro que un terapeuta emplee esta técnica en su práctica clínica. El castigo es una forma popular de cambio de conducta y tiene varias posibles aplicaciones.
    Puede ser porque incluyes algo negativo en la vida de tu hijo o porque quitas algo positivo. No es lo mismo castigar por no limpiar la habitación sin salir el fin de semana, que hacerlo mandando limpiar toda la casa él solo. En el primer caso retiras un privilegio como es salir con los amigos. En el segundo, para cambiar el comportamiento impones una limpieza extraordinaria, algo negativo habitualmente para un adolescente que no recoge su habitación.
  • Extinción: imagina que tu hijo habla durante la comida sobre un tema inapropiado. La extinción supone que dejas de prestarle atención, volviendo a atenderle cuando cambia su conversación a un tema más apropiado. En este caso dejas de premiar aquellos comportamientos que quieres eliminar con la retirada de tu atención de forma selectiva.
  • Saciación: consiste en llegar a aburrir a la persona con repeticiones excesivas de su comportamiento inapropiado. El ejemplo típico que se utiliza es el del tabaco. Plantear un programa para fumar rápido, con inhalaciones cada seis segundos durante cinco minutos completos. Luego un descanso de cinco minutos más y una nueva repetición del ciclo completo. Imagínate las ganas que le quedarían a alguien de fumar después de haber tenido una serie de sesiones así.

Estrategias para debilitar o potenciar conductas

  • Contrato de contingencias: consiste en formular un contrato, escrito habitualmente por el que se pacta un compromiso y unas consecuencias. Imagina que quieres que tu hijo mejore sus notas en el instituto y pactas con él que si lo hace tendrá un viaje a un parque de atracciones durante las vacaciones de verano.
  • Economía de fichas: entregar algún tipo de ficha o galardón cuando tu hijo se comporta bien, pudiendo también quitarlas cuando se comporta mal. Estas fichas deberán ser canjeables por otras recompensas que motiven a tu hijo.
  • Entrenamiento en discriminación: no te comportarías igual en una fiesta de disfraces de Carnaval que en un entierro. La diferencia está en la situación, en que discriminas el contexto. Puedes aplicar este esquema para cambiar el comportamiento de tu hijo. Por ejemplo, aprendiendo a distinguir las señales que diferencian una rabieta y una petición lógica. Así podrías dejar de prestar atención a las situaciones en las que tu hijo da señales de estar pasando por una rabieta.
  • Manipulación de estímulos antecedentes: son técnicas que permiten a tu hijo anticipar un premio o castigo. Por ejemplo, si lleva un día quejándose por todo, tu ceño fruncido y tu rostro iracundo son estímulos antecedentes de que se está preparando un castigo para él como siga así.

Bibliografía


Fuente con Licencia CC4.0: Padres en la Nube – Cambiar el comportamiento de un adolescente por Félix Martínez.

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Cambiar el comportamiento de un adolescente
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