Pongámonos en los zapatos de un investigador de psicología. Queremos investigar por qué a la gente le gusta… qué sé yo, Ed Sheeran. ¿Por dónde empezamos? Como diría el genial Carl Sagan: “Si quieres hacer pastel de manzana, primero tienes que crear el Universo“. En otras palabras: por las bases.

¿Qué es la psicología? Es una pregunta filosófica, pero es una pregunta cuya respuesta dará sentido a toda nuestra investigación. La Wikipedia nos dice que es la ciencia que estudia el comportamiento y los procesos mentales, la mayoría de psicólogos te dirá una respuesta similar pero con otras palabras, y unos cuantos (conductistas radicales) te dirán que es la ciencia que estudia la conducta. Sin contestar a esta pregunta, vayamos un paso hacia delante en nuestra investigación.

¿Cómo vamos a medir que a una persona le gusta Ed Sheeran? ¿Le preguntamos directamente? Tendremos respuestas del estilo: “me encanta, todos los días escucho a Ed Sheeran“, pero también: “no está mal, de vez en cuando cae una canción“.

Y ya estamos perdidos, porque ya me dirás tú cómo analizas esos datos. Mmm, espera un momento, ¿qué tal si seguimos la famosa sentencia: “los conoceréis por sus actos“? Podemos asumir que una persona a la que le gusta Ed Sheeran, escuchará sus canciones de manera voluntaria, al menos una vez a la semana.

Midiendo el gusto por Ed Sheeran (o cualquier otro tema) de esta forma, no solo nos hemos cargado de un plumazo juicios de valor sesgos a la hora de analizar las respuestas de la gente, como comentábamos antes, sino que otros investigadores pueden ahora realizar el mismo experimento y esperar los mismos resultados, usando siempre nuestra medición.

En definitiva: nos centramos en la conducta de escuchar a Ed Sheeran. No nos centramos en la persona, sus experiencias subjetivas ni lo que nos cuenta. Tampoco nos centramos en la activación de los centros del placer del cerebro, de igual forma que no mediremos la composición atómica de su cerebro ni los flujos químicos.

El partido lo jugamos a nivel de conducta, atender a niveles inferiores no nos dice nada, al psicólogo o científico de la conducta le será indiferente: lo que quiere es estudiar la conducta.

Esto, grosso modo, es el conductismo radical, una filosofía para la psicología.

Malentendidos del conductismo radical

Sé lo que estarás pensando: “Hala, conductismo y encima radical. Come-bebés, abusador de ratas y palomas, extirpador de almas y matador de sentimientos.” Primero, diferenciemos las dos grandes corrientes de conductismo:

  1. El conductismo metodológico, originario de Watson, defiende que la mente o procesos mentales, existan o no, no son objeto de estudio científico y por tanto deben ser desechados de la psicología.
  2. El conductismo radical, originario de Skinner, aplica la idea de que “todo es conducta”. La conducta es el resultado de un organismo al interactuar con el ambiente.

Todo es conducta

Repetimos: todo es conducta. “Pero todo… ¿todo?“. Todo, todito, todo. Es este uno de los errores más extendidos, la creencia de que el conductismo (incluyendo al radical) desecha la existencia o el estudio de los pensamientos, emociones, etc., centrándose únicamente en el comportamiento observable.

Hay, sin embargo, un pequeño detalle: gran parte de la psicología es mentalista, en el sentido de que acepta la existencia de la mente, pero además, atribuye un papel causal. Es decir: escucho a Ed Sheeran porque (a mí, como mente autónoma e independiente) me gusta.

El conductista radical no acepta que el individuo sea motor de la conducta, sino que lo anterior lo traduciría a algo como: dices que te gusta Ed Sheeran (o piensas “me gusta Ed Sheeran“) porque –por ejemplo– tu pareja lo escucha a todas horas también y te refuerza la conducta de escuchar a Ed Sheeran.

Diferenciar pensar de tener pensamientos

Espera, espera. ¿Qué es eso de pensar: “me gusta Ed Sheeran”?“. Como comentábamos: todo es conducta, incluida la llamada conducta privada, la que, para que me entiendas, “pasa en tu cabeza”. Y aquí nos metemos en otro follón… Para el conductismo radical, no tienes pensamientos.

Si lo piensas, ¿qué es un pensamiento? Piensas, como organismo, como persona, pero no tienes pensamientos, no tienes alegrías, ni tristezas, ni emociones; las experimentas como persona, y de ahí la idea de que (repetimos una vez más): todo es conducta.

Y esto mismo es una de las grandezas del conductismo radical como filosofía: no somos dueños de nuestro ambiente, así como tampoco somos dueños de nuestra conducta. Va contra nuestra intuición, contra la gran mayoría de ideas occidentales, donde el individuo (su mente) juega un papel fundamental.

El ambiente (o por qué gusta Ed Sheeran)

Como filosofía, el conductismo radical dota de significado al preguntarnos el porqué de las cosas.

  • ¿Por qué escuchan a Ed Sheeran?
  • ¿Por qué cree una persona que el aborto debe ser libre?
  • ¿Por qué creen otros que la eutanasia debería ser legalizada?

El conductismo tiene una respuesta clara: por el ambiente, en concreto, por la historia de aprendizaje de la especie y la persona. Es decir, lo que hemos aprendido durante nuestra existencia. “De tal palo tal astilla“, “Dime con quién andas y te diré quién eres“, “Cree el ladrón que todos son de su condición“, son resúmenes de la misma idea.

¿Conoces el término función? Imagínate un lavadero de coches: entra un coche sucio y sale un coche limpio; entras al cine, ves una película, y sales con menos dinero, etc. Una función es una relación entre un conjunto de cosas que “entran” (conocido como input) y un conjunto de cosas que “salen” (conocido como output). También podemos entenderlo como una caja negra (el lavadero de coches, el cine) que transforma lo que entra, el input, en algo que sale, el output.

Según el conductismo radical, la conducta (en este caso lo que “sale”, el output) es el resultado de aplicar un input que entra (los buenos días en la tienda, una llamada de teléfono, la idea de tener que exponer en clase, etc) a un organismo (la persona y toda la historia de aprendizaje personal y como especie).

Dicho de otro modo, para que quede claro: la persona es, junto a todo lo que ha aprendido a lo largo de su vida, una función andante que responderá de determinada manera ante determinado contexto. Una persona, una función.

Por tanto, si queremos ser libres y dueños de nuestra propia conducta, un buen comienzo pasa por controlar el ambiente que nos rodea. Apartar el móvil de la vista cuando queremos estudiar, no escuchar todo el día música depresiva si queremos estar de buen humor, recordarnos a nosotros mismos reglas verbales a aplicar (“me prometí no ser rencoroso“), y un largo etcétera.

Desde el conductismo radical, y más allá

El conductismo está desfasado“, “Da una explicación incompleta y se olvida de la vida interna“, “Explica sólo una parte de la psicología“, “No ha servido más que para descubrir cómo aprenden las palomas“, etc; son críticas comunes que, espero, a estas alturas del artículo ya hayan quedado desmentidas.

El conductismo radical ha dado lugar al descubrimiento de los principios básicos de la conducta y el aprendizaje, y ha servido para el desarrollo de las técnicas de modificación de conducta que se aplican, aún hoy día, con alto éxito, en terapia psicológica.

Pero lo que es más aún, el conductismo radical ha dado lugar al desarrollo de lo que se llama contextualismo, que viene a ser un conductismo radical extendido, con nuevas leyes, y orientado a conductas más típicamente humanas relacionadas con el lenguaje y el pensamiento. Y lo que es mejor aún… ¡nuevas terapias! Aceptación y Compromiso es la terapia más sonada de éstas y de la que ya escribimos en otro artículo.


Fuente con Licencia CC4.0Psicomemorias – Conductismo radical: la psicología como ciencia de la conducta por Jose Antonio Jiménez.

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Conductismo radical: la psicología como ciencia de la conducta
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