Atribuido modernamente al comediante norteamericano Jerry Seinfeld, este método es muy conocido entre los que nos dedicamos a la productividad. Y no porque nos permita mejorar el procesamiento, o poner en práctica el método de archivo total. En realidad el método Seinfeld se utiliza para adquirir hábitos, cualquier tipo de hábito.

La idea es extremadamente sencilla, pero funciona muy bien. Consiste en ir tachando los días en un calendario conforme cumplimos con el compromiso de hacer las cosas que queremos convertir en hábito –por ejemplo, tomar dos litros de agua al día.

La cadena de equis que se va formando tiene un gran poder psicológico, que nos empuja a seguir adelante y no romperla. Si conseguimos una cadena de 30 equis –un mes–, se puede decir que hemos consolidado el hábito.

Muy bien, y alguno se preguntará: ¿qué diablos tiene que ver el método Seinfeld con la procrastinación? Bueno, la procrastinación no deja de ser un hábito –por supuesto, un hábito no deseable–, y como todo hábito, tiene su “contrahábito”, que en este caso es el que queremos desarrollar. Es decir, queremos sustituir el hábito de posponer sistemáticamente las tareas que sabemos deberíamos estar haciendo, por el hábito de no posponerlas.

Si practicas GTD –al menos eso espero–, seguramente tendrás muchas próximas acciones en tus listas contextuales. Sin embargo, de todas esas acciones, muchas serán tareas poco importantes, en el sentido de que no te ayudan a avanzar en los proyectos que te aportan valor. O en ocasiones serán tareas más agradables de hacer. Y, ¡oh, sorpresa! Generalmente es con estas tareas con las que procrastinamos.

¿Cómo podemos obligarnos a hacer cada día las tareas que son verdaderamente importantes para nosotros? Pues consolidando tres hábitos muy sencillos que funcionan en conjunto:

  1. Seleccionar cada día tus tareas más importantes. Abreviadamente denominadas TMI, estas son las 3-5 tareas que consideras cruciales terminar cada día, ya sea porque son urgentes o, preferiblemente, porque te ayudarán a avanzar en los proyectos que consideras de más valor.
  2. Ejecutando las TMIs lo antes posible. Si dejas las TMIs para más adelante en el día, es casi seguro que las urgencias –y tu tendencia a la procrastinación– terminen por comerse el tiempo y no cumplas el compromiso. Así que intenta que las TMIs sean las primeras del día.
  3. Marcar una equis en el calendario, sólo si has completado todas las TMI. Si te faltó alguna por completar, no estará permitido tachar el día. La cadena se romperá y tendrás que empezar de nuevo tus 30 días.

¿Por qué funciona? Según mi propia experiencia, el método Seinfeld crea un compromiso psicológico muy fuerte, forzándome a no procrastinar para no romper mi cadena.

Por otra parte, si rompo la cadena con frecuencia, en mi afán de no volver a romperla me obligo a comprometerme con menos TMIs cada día. Eso sí, si solo puedo elegir 2 TMIs, serán tareas verdaderamente importantes. De esa forma se produce una especie de “selección natural” de próximas acciones, quedando solo las que de verdad aportan valor.

Como siempre digo, no todas las técnicas y trucos le funcionan a todo el mundo. Pero si ya has probado de todo para librarte de la procrastinación y no lo has conseguido, merece la pena que intentes con el método Seinfeld. Y si esto tampoco te ayuda, siempre te quedará la técnica de José Miguel Bolívar: unirte al enemigo y procrastinar para ser más productivo 😉

Y tú, ¿qué has intentado para evitar la procrastinación? ¿Te ha funcionado? Comparte tu experiencia en un comentario.


Fuente con Licencia CC4.0: JerónimoSánchez – El método Seinfeld y la procrastinación por Jerónimo Sánchez.

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El método Seinfeld y la procrastinación
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