La seducción está muy definida por la personalidad de cada uno de nosotros, por ello es muy importante conocernos. Saber cuáles son nuestros puntos fuertes, en qué resaltamos y cuáles son nuestras habilidades nos proporciona cierta seguridad a la hora de dirigirnos a los demás. Esta seguridad es la clave de todo seductor.

Para seducir empleamos el arte de sugerir, mostrar o insinuar, para ello utilizamos miradas, palabras que acarician, silencios persuasivos, gestos, contactos oculares, etc. Con todo ello, tratamos de encantar y cautivar al otro.

En la seducción existe una comunicación en la que un sujeto revela y exterioriza características de su persona como pensamientos, deseos, sentimientos y emociones con una intencionalidad (llamar la atención, conectar) con respecto hacia otra persona.

Todas las personas pueden ser seductoras. Deseamos gustar a los demás, ser queridas y reconocidas, ser valoradas, como padre o madre, como profesional, como amiga o amigo, compañero.

El objetivo de la seducción es la ‘satisfacción de un deseo’. Cuando un hijo sonríe o mira tiernamente a sus padres lo que trata es ser aprobado y le den cariño. Cuando se va haciendo mayor utilizará toda su simpatía con sus compañeros y profesores, para ser aceptado en el grupo, es decir, seduce para alcanzar una meta y comunicarse con los demás.

Seducción y Autoestima

Si tenemos una buena autoestima seremos capaces de actuar ante cualquier situación, ya que la confianza en nosotros mismos nos permitirá ser resistentes a las críticas, al rechazo o al fracaso.

La persona con alta autoestima atribuye los fracasos o los rechazos en la seducción a varias causas externas y los logros a causas más internas, obedeciendo a la sólida confianza en uno mismo.

Seducimos cada vez que nos comunicamos y logramos que la persona que tenemos al frente (Padres, compañeros, amigos, clientes, hijos, pareja) se sienta atraída por nosotros. Con la seducción buscamos la compenetración, la reciprocidad de perspectivas respecto al otro, la comprensión entre el tú y el yo.

Seducción y Optimismo

No hay, ni por asomo, la menor posibilidad de seducir a nadie si la persona que se plantea la seducción carece del optimismo necesario para dirigir su energía a la consecución de su objetivo.

Recursos de orden emocional

Autoestimaasertividadautoconocimiento y, en general, la confianza personal en cada uno de nosotros. Sería ingenuo de todo punto el pretender seducir a otra persona si no contamos con la dosis adecuada de amor propio. Lo diré de otra forma: ¿Cómo vamos a poder seducir a otra persona si no nos valoramos a nosotros mismos?

“Necesitamos valorarnos para valorar, querernos para querer, respetarnos para respetar, aceptarnos para aceptar. Ya que nadie no da lo que no tiene dentro de sí”.

Comunicación verbal y no verbal

Una de las características que distingue al hombre es que es un ser social, es decir, para desarrollarse necesita de los otros. Tenemos la capacidad de expresar lo que pensamos y lo que sentimos.

Hablar es un arte, no solo es abrir la boca y gesticular frases, es armonizar el tono con el contenido. Es el modo que disponemos para trasmitir nuestro mensaje.

En una buena charla intelectual el tono es más serio y pausado. Cuando la charla es mas social se torna intensa y regida por las pasiones humanas, o bien, cuando se pretende tierna y dulce, todas con los matices de la voz, complementándolas y haciéndolas únicas.

La voz es un componente esencial para toda conquista y seducción, con ésta podemos dar más pistas acerca de lo que buscamos o de lo que sentimos. Una misma frase tendrá un significado muy diferente de acuerdo a la entonación con la que la digamos. Hablar es expresarse, no solo las ideas y pensamientos, también la esencia de uno mismo, cuando hablamos dejamos ver gran parte de nuestra personalidad.

Adecuación de la entonación: la pronunciación de las palabras, debe ir acorde con las mismas, dándole brío y alegría, el principio y el final, son momentos clave de nuestro mensaje.

Las primeras palabras deben ser altas y claras, con el fin de captar y atrapar la atención de nuestro oyente. Se debe hacer lo mismo con cada concepto al que queremos dar más importancia.

El final debe hacerse más poderoso, sobre todo si lo que trasmitimos es para convencer o para hacer un llamamiento a la acción.

La risa esa risa natural y contagiosa, esa risa tenue como leve mueca que figura ser una sonrisa hasta la carcajada más sonora proveniente de lo más recóndito de las entrañas, todas estas expresan nuestro sentir.

El juego de miradas: también es un medio de expresión muy completo y seguro. Mediante la mirada se puede llegar hasta los adentros de esa persona, por un momento sentir como ella, ver el mundo desde sus ojos, apreciar los colores, las formas y los movimientos. Interpretamos su mundo, entendemos su sentir.

la seducción es

Seducción y Entusiasmo

Acabamos de encontrarnos con un concepto clave en lo que se refiere al apasionante mundo de la seducción, el entusiasmo. Fíjate bien en la enorme diferencia que media entre lo que es que alguien nos “apetezca”… ¡y alguien que nos entusiasme! Aunque aparentemente ambos conceptos se encuentran relacionados entre sí, en realidad media un abismo entre los dos.

“Apetecer” hace referencia a un deseo débil, a un capricho, a algo para lo que verdaderamente no hace falta un gran desempeño ni resolución. Nos “apetece” un helado o un descanso, pero lo que nos “entusiasma” son asuntos mas vitales y trascendentes.

Resumen: bien ya sabemos que tenemos que ser cautos a la hora de entregarnos a los demás (primera ley), que debemos construir cuidadosamente la imagen que queremos proyectar en los demás (segunda ley) y que, si no escuchamos a los demás, nos cerraran el camino hacia sus corazones y sus mentes (tercera ley). Hay que tener claros cuales son nuestros objetivos (cuarta ley) que necesitamos administrar la felicidad con sabiduría (quinta ley) y que no debemos pasar por alto el conocimiento del grado de libertad con el que los demás se sentirán a gusto (sexta ley).

La Seducción y los Mayores

Cambiar nuestra mirada, “La seducción y los mayores”: Sin duda alguna, es preciso hacer el duelo por la pérdida de nuestros cuerpos, estos se estropearán. A pesar de los avances de la cirugía estética, la cosmética, la higiene. Aunque hagamos deporte y vigilemos nuestra alimentación, no podremos evitar este duelo.

Cuando aceptamos perder algo, llega otra cosa. Es la dinámica del duelo. No es un consuelo, es la realidad.

Tenemos que hacer el duelo de la tersura de nuestra piel, aceptar nuestras arrugas, pero otra belleza se torna accesible, la de la frescura emocional. Podemos resplandecer de alegría. En un rostro equilibrado emocionalmente podemos apreciar serenidad, impulsos, deseos que simplemente se han transformado.

Con la edad, buscamos otras cosas, podemos decir que en el fondo nos damos cuenta que: “La ternura ha sustituido a la seducción.”

Ser amable, he aquí la clave: “Nos corresponde hacer las cosas de manera que resulte un placer escucharnos, visitarnos, ponerse en contacto con nosotros. ¡Seamos afables! ¡Estemos disponibles!

“Algunos mayores saben dosificar muy bien esta alquimia. Esto reside en una mirada, una sonrisa, una voz amable en el teléfono. Tienen instinto para resultar agradables. No se quejan nunca, no esperan nada, tienen sus propias relaciones, cuidan su aspecto físico. Ya no se trata de intentar seducir, lo cual no es adecuado, sino de continuar siendo atractivo, de cultivar su encanto.”

El encanto ya no proviene de la suavidad de la piel o de una fuerte musculatura, sino del alma. El encanto viene de la capacidad de interesarse por los demás, por el mundo, de mantener una mirada de confianza, de admiración y de gratitud por la vida. “Es necesario salir de nuestro egocentrismo para entrar en la órbita del otro”.

Jamás es demasiado tarde para ir al encuentro de uno mismo, para liberar los sentimientos o las emociones que siempre hemos contenido.

Esto conlleva dejar de mirarse en el espejo y dirigirse a experiencias que hacen vibrar el alma, contemplar la belleza del sol al atardecer o el cielo cuajado de estrellas, extasiarse ante un gesto de ternura entre dos personas que se aman, embriagarse al escuchar un concierto de música, ante una buena charla con los amigos, el sentirse [email protected], [email protected] de la gente que te quiere.

Cuando envejecemos, parece cada vez más evidente que no nos enamoramos del físico del otro, sino de su presencia. Y recuerda que la mejor manera de gustar a los demás es mostrándote tal cual eres.


Bibliografía

VALLEJO-NAJERA, Alejandra. Psicología de la seducción.

GRENE, Robert. (2008): El arte de la seducción. ED. Espasa.

PEASE, Allan. (2009): El arte de negociar y persuadir. ED. Planeta.

SALCEDO FERNANDEZ, Antonio. (2008): Anatomía de la persuasión. ED. Esic.


Fuente con Licencia CC4.0: INED21 – La seducción: “el arte de encantar o cautivar al otro” por José Ramón Díaz Martínez.

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La seducción: “el arte de encantar o cautivar al otro”
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