Hay épocas en la vida en las que estamos menos rodeados de gente. También etapas en las que estamos más [email protected], independientemente de la gente que tengamos alrededor. Y porque la primera no lleva implícita la segunda, hoy quiero hablar de la soledad en positivo, ese estado en el que uno se ve abocado a compartir más tiempo consigo mismo que en compañía, y de la cantidad de cosas positivas que se pueden experimentar desde ahí.

Normalmente llega con la madurez. Más joven, sueles más sentirte solo que realmente estar solo contigo mismo. Esa soledad es harina de otro costal. Pero con el tiempo, las vidas prefabricadas y las idas y venidas en todos los ámbitos relacionales, es cuando a muchos les suele llegar el yo, mi, me, conmigo.

Amistades que se enlatan en sus vidas, en las que cada vez hay menos espacio para la amistad. Cepillos de dientes que van y vienen. Algunos llegan incluso a convivencias de años que, tiempo más tarde, alcanzan su fin. Amistades esporádicas laborales, que duran hasta que alguna de las partes cambia de trabajo. Mil y una situaciones que llegan y se evaporan y te vuelven a dejar contigo mismo.

Y ahí, en ese estado, puedes tomar dos decisiones. Optar por convertir esa soledad circunstancial en sentimiento de soledad (en negativo) generalizado, lamentarte y vagar con ese estandarte de víctima solitaria. O decidir disfrutar del tiempo contigo, en todas sus dimensiones. Disfrutar de él sin dejar de aguardar con ilusión la suma de nuevas (o viejas) compañías, con las que compaginar tu tiempo contigo.

La soledad en positivo ni siquiera debiera ser exclusiva de solteros y personas con amistades enfrascadas en sus vidas (o sin ningún tipo de estas). Todo ser humano debería guardarse el derecho a disfrutar de sí mismo, sin detrimento del tiempo que pueda compartir con otros. Todo Ser debería ser también consigo, disfrutarse y disfrutar de los pequeños placeres que solo se pueden disfrutar en número uno.

No hay fórmulas matemáticas ni verdades universales sobre el disfrute en soledad. Hay personas a las que les gusta viajar solas, y otras a las que no. Pero, para tener un juicio, al menos hay que probarlo. Hay personas que disfrutan solas en un restaurante, incluso tomando una copa, y otras a las que les horroriza ese plan sin compañía.

Pero para juzgarlo, hay que vivirlo. Y vivirlo sin prejuicios, pensando solamente en cuánto estamos disfrutando (o no) interiormente del plan, sin tener en cuenta lo que podrán pensar los de la mesa de al lado.

Pero, encontrando cada uno sus fórmulas, hay mucho de lo que se puede disfrutar. Vaya por delante que soy disfrutadora máxima de los planes en buena compañía, de una conversación interesante, un viaje compartido y una sesión de humor hilarante y una comida rica acompañada.

Me encanta estar con personas con las que conecto, pero también me encanta poder conectar conmigo misma cuando, por x o por b, no hay nadie con quien conectar.

Valoro el tiempo que me regalo conmigo, porque sé que un día, si las circunstancias me lo reducen considerablemente, me echaré de menos. Igual que se extrañan a sí mismas tantas personas que han vendido todas sus horas, y no se han guardado nada para sí. Espero no venderme nunca del todo.

Porque en todo el tiempo que pasas conversando con otros, cuidando a otros, amando a otros, riendo con otros, es muy fácil que te olvides de practicar todos esos verbos contigo. Y unos cuantos más. Es muy fácil que te olvides de esos ratos dedicados a tus pasiones unipersonales. Y eso, por más que compartir esta vida con otros sea un gran regalo, es algo que debería ser innegociable.

Solo pasando tiempo (de calidad) contigo puedes llegar a lo más profundo, más honesto y más verdadero que tengas que contar y aportar. A ti y a todos los demás.


Fuente con Licencia CC4.0: Vamos a Morir – Soledad en positivo: tu tiempo contigo por Elena.

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Soledad en positivo: tu tiempo contigo
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