El de Asperger se encuadra dentro de los trastornos del espectro autista (TEA). Estos son un conjunto de trastornos del desarrollo que aparecen siempre dentro de los tres primeros años de vida.

Las personas con síndrome de Asperger tienen un aspecto y una capacidad intelectual normales. Frecuentemente cuentan  con habilidades especiales en áreas restringidas. Sin embargo tienen problemas para relacionarse con los demás y en ocasiones presenta comportamientos inadecuados.

Cinco características básicas

A partir de la descripción realizada por Rivière (1997), podemos hacer una descripción ampliada de las principales problemas que pueden afectar a quienes padecen esta enfermedad:

  • Trastorno cualitativo de la relación: incapacidad de relacionarse con iguales. Falta de sensibilidad a las señales sociales. Alteraciones de las pautas de expresiva no verbal. Falta de reciprocidad emocional. Dificultades para comprender intenciones ajenas y dobles sentidos.
  • Inflexibilidad mental y comportamental: interés absorbente y excesivo por ciertos contenidos. Rituales. Actitudes perfeccionistas extremas que dan lugar a gran lentitud en la ejecución de tareas. Preocupación por “partes” de objetos, acciones, situaciones o tareas, con dificultad para detectar las totalidades coherentes.
  • Problemas de habla y lenguaje: retraso en la adquisición del lenguaje, con anomalías en la forma de adquirirlo. Empleo de pedante, formalmente excesivo, inexpresivo, con alteraciones prosódicas y características extrañas del tono, ritmo, modulación, etc. Problemas para saber “de qué conversar” con otras personas.
  • Alteraciones de la expresión emocional y motora: limitaciones y anomalías en el uso de gestos. Falta de correspondencia entre gestos expresivos y sus referentes. Torpeza motora en exámenes neuropsicológicos.
  • Capacidad normal de impersonal pero limitada en situaciones en las que debe conjugarse con habilidades empáticas. Frecuentemente, habilidades extraordinarias en ámbitos restringidos (p.ej. coleccionar coches de todas las marcas, fotografías de distintos lugares, la construcción de maquetas, extensos conocimientos en algún tema en particular como astronomía, la historia de una ciudad, etc).

Para ser diagnosticado de de Asperger la persona no ha debido tener retraso en la adquisición del lenguaje y su inteligencia debe situarse en los límites de la normalidad. Ambos aspectos son esenciales para el diagnóstico y diferencian el Asperger del resto de los trastornos del desarrollo o del trastorno del espectro autista.

Tres dimensiones: personal, familiar y social

Muchos expertos cuestionan el que la ausencia de retraso en el lenguaje sea un elemento clave para el diagnóstico. El hecho es que muchas personas diagnosticadas de trastorno de Asperger habían presentado, de hecho, cierto retraso en la adquisición del habla.

Los sistemas internacionales actuales de clasificación provocan, además, cierta confusión. Basta con utilizar “palabras a los dos años” y “frases comunicativas a los tres”, para tipificar un desarrollo “normal” del lenguaje; lo que realmente no refleja la complejidad de un posible retraso en el lenguaje y la comunicación.

Para establecer cualquier diagnóstico en psiquiatría infantil es necesario un abordaje personal, familiar y social. En la entrevista diagnostica es necesario realizar una buena historia del desarrollo del niño en general y en especial en las áreas de interacción social, lenguaje y comunicación. Analizar el juego y los patrones de conducta del niño desde una perspectiva evolutiva.

La evaluación implica, al menos, valorar su capacidad intelectual, su nivel de lenguaje expresivo y receptivo, su función ejecutiva y la competencia motora.

Es muy útil  utilizar escalas de screening para la detección del S. Asperger, los más utilizados son:

  • ASSQ (cuestionario de screening para el espectro autista de alto funcionamiento de Ehlers, Gillberg y Wing 1999).  Es un cuestionario para facilitar la detección de individuos con una capacidad intelectual alta y un trastorno social en el espectro autista, y no para la diferenciación del autismo de alto funcionamiento y el síndrome de Asperger.
  • La escala australiana para el síndrome de Asperger de Atwood 1998.
  • El test infantil del síndrome de Asperger de Scout, Baron-Cohen, Bolton, Brayne, 2002.

En muchas ocasiones es muy difícil detectar este trastorno ya que la mayoría de los padres piensan que sus hijos son más callados y menos comunicativos que el resto.  Al no ser niños problemáticos, suelen pasar desapercibidos. Muchos padres se encuentran  desconcertados cuando pasan de pensar que el niño es introvertido y muy maduro a darse cuenta de que algo falla.

Cuando los padres piensan que sucede algo con su hijo tratan de ponerse en contacto con las asociaciones existentes desde la que tratan de informar, desarrollar terapias, hacer talleres, elaborar bases de datos con los afectados, contactar con los centros educativos y con la Universidad para generar cada vez más servicios para las personas que padecen este trastorno.

Guías para profesionales

En España, una de las pruebas más utilizada por los pediatras para valorar los problemas en el desarrollo es la Escala Denver, considerada como la más aceptable para el cribado de niños de entre 3 meses y 4 años de edad. La Escala Denver explora cuatro áreas del desarrollo: Motricidad fina / Motricidad gruesa / Personal-social / Lenguaje.

El Grupo de Estudio de Trastornos del Espectro Autista Instituto de Investigación de Enfermedades Raras del Instituto de Salud Carlos III publicó dos guías de buenas prácticas para orientar los trabajos de los profesionales. Estos recursos ayudan a la detección temprana y el diagnóstico de casos de TEA:


Fuente con Licencia CC4.0: CeDeC – Trastornos del espectro autista: síndrome de Asperger por CeDeC.

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Trastornos del espectro autista: síndrome de Asperger
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