Los problemas de ansiedad son en nuestra sociedad una de las causas más frecuentes de consulta, tanto médica como psicológica. Se estima que en torno a un 20% de la población padece trastornos de ansiedad, subiendo esta cifra a un 90% si hablamos de personas que alguna vez en su vida la han experimentado. Ello es debido a la crucial importancia que la ansiedad tiene para nuestra supervivencia. 

La ansiedad es un estado o respuesta de nuestro organismo que cursa con gran activación del sistema nervioso, en el que la persona experimenta sensaciones físicas, pensamientos y emociones desagradables y angustiosas. De ahí el término “ansiedad”, procedente del latín anxietas (=angustia).

Las reacciones fisiológicas de la ansiedad son idénticas a las del miedo, y su función principal es activar el organismo ante un peligro para permitir la huída o la lucha.

Siempre que se detecta una amenaza, nuestro sistema nervioso pone en funcionamiento el sistema adrenérgico y la consecuente liberación de catecolaminas es lo que provoca las reacciones físicas de la ansiedad cuyo objetivo es protegernos.

Síntomas físicos de la ansiedad

Algunos de los síntomas más frecuentes son los siguientes:

  • Taquicardia o pulsaciones aceleradas, las cuales permitirán un mayor aporte sanguíneo y oxigenación a los músculos para su rápida movilización.
  • Respiración acelerada e hiperventilación, para permitir de igual modo una mayor oxigenación. No obstante, la hiperventilación en situación de reposo conlleva un exceso de oxígeno en el cerebro que provoca mareo, inestabilidad e incluso paradójicamente sensación de ahogo y asfixia.
  • Problemas gastrointestinales como diarreas o vómitos. Ante una situación de peligro inminente la función de digestión es secundaria a la de huída, por tanto al organismo le interesa que el estómago esté vacío, por lo que también suele desaparecer el apetito.
  • Como consecuencia del exceso de activación orientado al movimiento también suelen aparecer temblores, especialmente en estado de reposo, así como otras sensaciones poco habituales (parestesias) especialmente en la extremidades (hormigueo, escalofríos, sensación de vacío…).
  • Por otro lado la fuerte tensión muscular da lugar a contracturas, dolores musculares, dolores de cabeza, tensión cervical con consiguientes mareos. Así mismo la tensión en la mandíbula y la propensión a apretar los dientes durante la noche acentúa los dolores de cabeza.
  • Aparte de estas sensaciones puramente físicas encontramos síntomas como el insomnio (lógicamente, si estuviésemos en una situación de peligro lo menos adaptativo sería dormir profundamente). Por el mismo motivo los despertares suelen ser sobresaltados y con palpitaciones, como si nuestro organismo nos dijese “¡Qué hacías dormido! ¡rápido huye!”.
  • E igualmente el deseo sexual suele desaparecer en el curso de un trastorno de ansiedad, ya que lo menos conveniente ante el peligro es dedicarnos a copular felizmente.

Como vemos todos estos síntomas están orientados a la protección ante el peligro.

Esta importantísima respuesta de los seres vivos permitió la supervivencia y la evolución y al ser tan adaptativa se ha ido transmitiendo a lo largo de los siglos. Es lógico imaginar que aquellas personas que carecieran de miedo y cuyo organismo no reaccionase ante la amenaza se expondrían con más frecuencia a peligros, muriendo antes de dejar descendencia. Por ello podríamos considerar que hasta cierto punto la ansiedad denota una mayor capacidad de supervivencia.

Ahora bien, todas estas reacciones ante el miedo se constituyeron durante siglos en periodos en los que los peligros eran físicos, y por tanto como decíamos, la respuesta fisiológica está destinada a luchar o huir.

En nuestra sociedad actual los peligros han dejado de ser físicos y lo que se consideran amenazas suelen ser cuestiones emocionales o sociales, a las que, obviamente, no hacemos frente corriendo o atacando físicamente. Ello da lugar a que la ansiedad se considere patológica, especialmente cuando excede los límites de una situación concreta de tensión, cuando se generaliza y cronifica y cuando genera cualquiera de los trastornos de ansiedad.

En todos estos casos existen síntomas emocionales, cognitivos y conductuales como respuesta al estado físico de tensión.

Síntomas emocionales

A nivel emocional predomina el sentimiento de miedo.  Miedo a las situaciones concretas que generan ansiedad, también puede ser un miedo difuso al que cuesta darle un sentido, miedo a la propia ansiedad, es decir miedo al miedo, en otras ocasiones se puede sentir miedo irracional de cualquier preocupación cotidiana, como si nuestra mente tratase de justificar nuestro angustioso estado “si estoy tan mal es porque esto que me preocupa es gravísimo”.

Síntomas cognitivos

Ello da lugar a síntomas cognitivos como pensamientos recurrentes, preocupaciones, rumiaciones y obsesiones. En estos casos la mente se convierte en un campo de batalla entre pensamientos que provocan miedo y dolor y pensamientos que tratan de combatirlos con el único resultado de prolongar la lucha.

Síntomas conductuales

Y por último, entre los síntomas conductuales, como respuesta a todo lo anterior encontramos la evitación de las situaciones que generan miedo o ansiedad lo cual muchas veces conduce a que la persona comience a disminuir su actividad, a no salir, a aislarse lo cual lejos de ayudar, genera un círculo vicioso de ansiedad y angustia que puede desembocar en depresión.

Es por ello que los trastornos de ansiedad presentan una alta comorbilidad con la depresión. Otro de los síntomas conductuales en respuesta a ciertos pensamientos obsesivos son las conductas ritualizadas como medida de “solución” ante el miedo. Por lo general, del mismo modo que la evitación no ayuda a disminuir la ansiedad, las conductas compulsivas tampoco solucionan el problema, sino que pueden convertirlo en TOC.

Abordando la ansiedad

Como vemos, todos los síntomas asociados a la ansiedad tienen un “sentido”. Los más fisiológicos obedecen a una respuesta orgánica de protección vital, los cognitivos y conductuales obedecen a un intento del ser humano por justificar y solucionar su estado, por disminuir su angustia. Sin embargo, por lo general, son precisamente dichos esfuerzos por eliminar el problema los que lo cronifican.

Las denominadas “soluciones intentadas”, constituyen en elemento central de la terapia, debiendo ser modificadas o eliminadas para romper el círculo vicioso que alimenta la ansiedad.

En general la manera de abordar el problema en terapia dependerá de las características específicas del trastorno y de la persona, siendo crucial como decíamos eliminar todos los intentos vanos por protegerse. En algunos casos puede ser precisa la ayuda psico farmacéutica, otros pueden solventarse con determinadas estrategias terapeúticas en consulta. Sin embargo existen una serie de recomendaciones que pueden aplicarse de manera general.

En primer lugar tener siempre presente  que la ansiedad es normal y natural y que los síntomas físicos son una respuesta del organismo para protegernos. Es señal de que estamos preparados para la supervivencia.

Por otro lado, dado que son respuestas destinadas a una gran actividad física (correr, luchar, etc) es muy importante que hagamos ejercicio físico. Nuestro organismo ha activado una señal de alarma para que salgamos corriendo, si no hacemos caso a dicho aviso puede que la “señal de alarma” se incremente.

De hecho, muchos de mis pacientes afirman que cuando se sienten muy nerviosos si intentan relajarse empeoran. Es normal. Yo nunca recomiendo la realización de una técnica de relajación en un pico álgido de ansiedad, especialmente si todavía no se domina dicha técnica.

Es importante conocerlas y practicarlas, pero siempre en los momentos de menor tensión para ir rebajando nuestra ansiedad basal y para llegar a dominarlas. No obstante, ante una fuerte activación es preferible el movimiento, por ello el ejercicio físico aeróbico es esencial para reducir la ansiedad.

Por último, a modo de recomendación general y de conclusión, me gustaría recalcar que no debemos temer a la ansiedad sino entenderla como algo natural e intentar canalizarla y atajarla acudiendo a un especialista que pueda adaptar la terapia a cada caso particular.


Fuente con Licencia CC3.0: Blanca Torres Psicóloga – Ansiedad y trastornos de ansiedad por Blanca Torres.

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Ansiedad y trastornos de ansiedad
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