Tío, qué antisocial eres es algo que nos ha podido decir cualquiera en múltiples ocasiones. Son muchos los conceptos de la psicología científica que se han diseminado en el lenguaje popular. Casi siempre se usan de forma errónea para etiquetar lo que sentimos o pensamos.

Términos como Bipolar, Doble Personalidad, Borderline, Autista, Depresión, Ansiedad, Nervios, Neurótico o Antisocial se aplican al hablar de nosotros mismos y de los demás, sin saber en realidad qué significan e implican.

Como ya hicimos anteriormente con el término Bipolar, en esta segunda entrega nos centraremos en una esas manidas etiquetas que usa en especial la juventud: normalmente se le dice a alguien que es Antisocial o las personas se definen como antisociales, cuando quieren decir que prefieren estar solos o que en un momento determinado no quieren estar con otras personas (“¿Pablo no viene con nosotros?” “No, déjalo, es que es un poco antisocial”).

El uso habitual de la palabra no es el correcto, pero antes de explicar por qué, desgranemos qué es lo que se puede estar queriendo decir con ello en realidad, y relacionando éstas definiciones con trastornos conocidos de la psicología clínica y la psiquiatría.

  1. Es posible que se use de forma errónea antisocial para definir a una persona que siente miedo y ansiedad cuando está con otras personas, y que, por lo tanto, rechaza las situaciones sociales en las que se sienta de esta forma. Esto sería, en realidad, un caso de “Fobia social”.
  2. Quizá el uso más común de Antisocial es el que se da cuando hablamos de alguien que no muestra ningún tipo de interés en las relaciones personales o de pareja, que rehúye del contacto con otros y que prefiere vivir una existencia en solitario. Este caso se asemejaría a lo que se conoce como “Trastorno esquizoide de la personalidad”.
  3. Os hacemos un pequeño spoiler: éste es el uso correcto del término antisocial. Se debe aplicar a una persona que desprecia y viola los derechos de los demás sin sentir arrepentimiento por ello. Estaríamos hablando de lo que sería el “Trastorno antisocial de la personalidad”.

Una vez aclarado un poco los términos, procedemos a explicar en base a la psicología más científica y menos cotidiana, qué implica cada uno de los trastornos que erróneamente se incluyen bajo el término de antisocial.

Fobia Social

En este trastorno, la persona evita el contacto social por sentir un miedo excesivo, irracional y persistente por una o varias situaciones sociales o actuaciones en público en las que el sujeto se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o que puedan evaluarle.

A veces se desarrolla sólo en situaciones muy concretas y específicas: “los martes después del recreo el profesor pregunta la lección en voz alta y por ello siempre “me pongo enfermo” en el recreo y me voy a casa“. O bien de forma generalizada en muchas situaciones diferentes: “todo lo que implica hablar con extraños me genera ansiedad y malestar“.

El individuo teme actuar de un modo que sea humillante o embarazoso: es común que estas personas eviten a toda costa beber o comer en público, ir a servicios o vestuarios comunes, etc.

Cuando la persona se enfrenta a estas situaciones siente una alta ansiedad y es por ello por lo que se acaban evitando o bien se viven pero con un malestar muy intenso.

Estos comportamientos de evitación y la ansiedad generan tal malestar en la persona, que interfieren con su rutina normal de trabajo, familiar, social, etc. Es común que no se obtengan buenos resultados en asignaturas en las que se requiere exponer un trabajo en público como parte importante de la nota final; o que no se quiera ascender en el trabajo (a pesar de tener posibilidades para ello) porque el cargo al que se aspira implica mayor contacto social.

Hoy día existen muchas formas de tratar la fobia social y la mayoría muy eficaces.

Trastorno esquizoide de la personalidad

esquizoide

Este es un trastorno del ámbito de la personalidad, definiéndose ésta como un conjunto de formas duraderas de percibir, pensar y relacionarse con el ambiente y con uno mismo, que se dan en muchos contextos personales y sociales. La personalidad es resistente al cambio, se encuentra consolidada y es la misma a lo largo de las diferentes etapas vitales y contextos de la persona en distintas etapas vitales y contextos.

Es difícil “cambiar de personalidad” de ahí la dificultad para tratar a personas cuya propia personalidad les acarrea problemas y malestar.

La personalidad esquizoide se caracteriza por un distanciamiento de las relaciones sociales y de restricción de la expresión emocional, pero, a diferencia de lo que ocurre en la Fobia social, se evitan por indiferencia, no por miedo. Apenas tienen relaciones sociales más allá de las que tienen con sus familiares más directos y no sienten la necesidad de expresar sus emociones, les es indiferente recibir críticas o halagos.

Son personas solitarias, que no buscan las relaciones con los demás porque, literalmente, les da igual. No disfrutan especialmente estando con amigos ni tienen aspiraciones de formar una familia. No disfrutan de casi ninguna actividad de ocio y, como es evidente, no tienen ningún interés en el sexo o la pareja.

No desean ni disfrutan de las relaciones personales, incluyendo formar parte de una familia. Tampoco tienen amigos íntimos o personas de confianza y por tanto son personas solitarias que prefieren estar solos a acompañados.

Quizás esto sí se parezca más a la conducta que tienen los personas a las que se las llama “antisociales”. Aun así, el trastorno esquizoide de personalidad es bastante infrecuente, por lo que si tu amiga no quiere verte… algo habrás hecho…

Trastorno antisocial de la personalidad

Este trastorno de la personalidad es el dueño y soberano del término antisocial. El ser antisocial no tiene nada que ver con no tener gusto por las relaciones sociales, sino con lo incompatible que es una persona con el resto de la sociedad.

El trastorno antisocial de la personalidad se caracteriza por un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás. Este desprecio se hace evidente de varias formas:

  • Se meten en problemas de tipo legal que suelen acabar en detención policial: discusiones, peleas, robos, agresiones, abuso, etc.
  • Mienten mucho y llegan a estafar a otros por obtener un beneficio o por mero placer. Su falta de empatía les impide sentir lástima cuando dañan a otros. No tienen remordimientos tras haber realizado algún daño, maltrato o robo a otras personas. Se muestran indiferentes o justifican sus malos actos.
  • Son impulsivos, irresponsables e incapaces de planificar su futuro. Se embarcan en proyectos que luego no completan, les cuesta hacerse cargo de forma constante de un trabajo u obligación económica.
  • Suelen tener peleas físicas frecuentemente, debidas a su alta irritabilidad y agresividad.
  • No se preocupan de su propia seguridad o la de los demás, y por ello se implican (e implican) en actividades de riesgo (conducir a alta velocidad, provocar a peleas, etc.).
  • A pesar de todo esto suelen tener un encanto superficial que los puede hacer atractivos. A pesar de no tener ningún tipo de empatía con los demás, conocen perfectamente que hacer para resultar simpáticos, encantadores y deseables a primera vista, aunque luego, una vez establecen una relación, suelen ser irresponsables y explotadores con su pareja y sus hijos.

Tradicionalmente, todos estos síntomas también se han agrupado en lo que es la psicopatía. Pueden ser sinónimos, pero hay controversias entre los expertos al respecto.

Cabe destacar que aunque es frecuente que muchos delincuentes tengan un trastorno antisocial de la personalidad, no todas las personas que lo padecen acaban convirtiéndose en asesinos o abusadores. En psicopatología nada es blanco o negro.

Conclusión

Todos estos trastornos psicopatológicos descritos tienen una relación directa con las relaciones que las personas establecen con sus iguales. Pero como suele decirse, son todos los que están, pero no están todos los que son. Las relaciones de amistad, de pareja, familiares o laborales son fundamentales para el ser humano.

Necesitamos de ellas para estar satisfechos con nuestra vida, y es por ello que en la mayoría de los problemas psicológicos que existen se ve afectada de una forma u otra nuestro mundo social. ¿O acaso no se resiente la relación de pareja cuando uno de los miembros padece una depresión? Y los padres de un niño con autismo, ¿no ven alterada su forma de relacionarse con su hijo?

No podemos olvidar que, de forma paralela a lo “normal” y lo “patológico”, las personas tienen unos rasgos de personalidad en los que se agrupan las formas habituales en las que se comportan. Y una de las parejas de rasgos más importante a la hora de definirnos es la Extraversión en contraposición a la Introversión.

Los extravertidos son personas sociables, vitales, activos, buscan nuevas sensaciones, entusiastas, atrevidos, aceptan mejor (y buscan) los niveles de estimulación altos (ruido alta, hacer cada día algo nuevo y estimulante, etc.), se aburren con facilidad…

Los introvertidos por el contrario son personas menos sociables (prefieren pocas amistades pero intensas), más reflexivos y conservadores a la hora de elegir en qué actividades implicarse, prefieren los niveles de estimulación más bajos (cuando tienen muchos estímulos a los que atender su rendimiento disminuye y se fatigan), se aburren con menos facilidad (pues toleran mejor las tareas rutinarias), etc.

Con esto queremos decir que, probablemente, si no tienes ningún problema psicológico relacionado con las relaciones sociales, tienes un entorno que te aprecia y te sientes apreciado por éste; cuando decides quedarte en casa un sábado casa en vez de irte de fiesta con tus amigos es, simple y llanamente, porque te apetece. Vivamos más y etiquetémonos menos.

Para saber más…



Fuente con Licencia CC3.0Psicomemorias – Psicotraductor: Ser antisocial no es quedarte un día en casa por Javier Corchado.

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Psicotraductor: Ser antisocial no es quedarte un día en casa
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