Cuando decidimos comprometernos con la práctica del mindfulness esa práctica ha de ser genuina, natural y creativa, estar adaptada a nosotros mismos y a nuestros contextos, contar con la mochila de nuestras experiencias pasadas y con nuestra forma de sentir.

Todo ello requiere una percepción más profunda, un sentir no intelectualizado, basado en el cultivo de una cotidianidad de amabilidad y respeto hacia los demás pero en primer lugar hacia nosotros mismos.

La práctica del Mindfulness

Personalmente creo, y esto forma parte de mi vivencia personal, no es nada así estipulado en los textos, que mindfulness consta de tres fases bien diferenciadas.

La primera es una fase de adiestramiento de la atención, de la mente. Muchos son los que se quedan en ese primer estadio, nada despreciable y desde luego muy útil para el crecimiento personal y la gestión de uno mismo.

En muchísimas praxis de mindfulness lo único que se pretende es adiestrar la atención, la mente, para que seamos nosotros los que la gobernemos y no ella a nosotros. Esto en sí mismo ya tiene una enorme potencia a todos los niveles, terapéutico, de mejora personal, de crecimiento, de optimización de energías.

Pero sobre todo a nivel de ser quien quiero ser, hacer lo que quiero hacer para ser quien quiero ser y no dejarme arrastrar por esa mente saltarina de mono, llena de creencias, juicios y prejuicios, miedos, pensamientos, obsesiones, dolores antiguos, angustias e incertidumbres, a lugares a los que no quiero ir porque me alejan de ser quien quiero ser.

Para mí esa es la primera parte del camino, la primera fase. No es fácil cuando la inicias pero luego te das cuenta de que con mucho es la parte más sencilla. Se trata sólo de paciencia con uno mismo, confianza, mente de principiante y disciplina. Pero es sólo el principio. Después nos queda una especie de tierra media por recorrer.

Tomados los primeros contactos con la atención plena, con la quietud de la mente y con la idea y el sentir que “no soy mis eventos mentales”, lo que queda es lo más difícil, lo más arduo, el camino más tenebroso y que inspira más miedos.

Si no soy mis pensamientos… ¿Quién soy? Esta sería la segunda fase, la del autoconocimiento, la de llegar a sentir ese “yo esencia” que soy y que no pocas veces se me oculta.

La tercera fase sería la de llevar todo eso a la propia vida, la fase de vivir en atención plena. VIVIR en mayúsculas.

¿Para qué sirve el Mindfulness?

Puede servir para ayudar a superar un trauma o un episodio difícil en la vida, para aliviar un dolor físico o una enfermedad, para aprender a llevar un tratamiento duro o para bajar los niveles de ansiedad y/o estrés.

Pero yo diría que fundamentalmente sirve para prevenir sufrimientos estériles, para conocerse a uno mismo, para aprender a vivir plenamente y para ser más feliz y estar más satisfecho. Para poder ser quien uno quiere ser.

¿Se recomienda para alguien en particular?

En la actualidad se aplica mindfulness en los hospitales, en terapias de dolor crónico (artritis, fibromialgia, etc.), de ayuda al tratamiento del cáncer, en casos de estrés, depresión, adicciones, en terapias de Alzheimer, etc.

En educación se empieza a implementar en los centros de forma general con alumnos de todo tipo y en especial con alumnos de necesidades especiales, como alumnos con TDAH, por ejemplo.

La herramienta fundamental del aprendizaje es la atención, parece evidente por tanto que cualquier forma de conseguir mayor eficiencia en ese ámbito debe ser bienvenida en las aulas. Se ha demostrado una relación directa entre el rendimiento académico y las habilidades que ayudan a fortalecer la práctica de mindfulness.

Se utiliza como complemento fundamental en terapias psicológicas, de hecho forma parte esencial de la terapia de aceptación y compromiso (ACT) que tan buenos resultados está demostrando, y es una herramienta que se está popularizando mucho en talleres de crecimiento personal y gestión emocional.

En principio, yo personalmente se la recomendaría a cualquier persona interesada en mejorar su grado de satisfacción personal y con la vida.

¿Tiene alguna contraindicación?

Existe un reducido grupo de trastornos mentales en los que en la actualidad se está estudiando la adaptación de la técnica. En un principio se desaconsejaba en casos de psicosis y esquizofrenia pero se trabaja en dichos trastornos y hay estudios que empiezan a utilizar variantes de mindfulness en sus terapias.

Personalmente creo que, en personas que no presenten trastornos mentales graves, en la práctica digamos común y cotidiana de mindfulness, el posible peligro está en caer en el nihilismo.

La inevitable raíz budista de la práctica puede hacernos caer, con malas praxis, en una religiosidad o una espiritualidad mal entendida que hipertrofie nuestro yo. De hecho este ha sido quizá el escollo más voluminoso que ha tenido que salvar la ciencia en el estudio de las bases de mindfulness.

¿Cómo se lleva a la práctica?

En la aplicación, en la práctica de mindfulness también podemos distinguir dos niveles que se solapan.

Uno sería el de la “práctica formal”, lo que se denomina meditación. Para ello necesitamos un tiempo, un lugar adecuado, una postura corporal correcta, y, cuando comenzamos, es muy útil seguir una guía de audio. Ese es el entrenamiento que necesitamos para luego poder llevar lo entrenado a nuestra vida cotidiana.

Empezaríamos por ahí, por una práctica formal que adiestre nuestra atención. Pero a la vez arrancaríamos con la “práctica informal” que se irá fortaleciendo y haciendo más y más natural en nuestras vidas a medida que avancemos.

Esa práctica informal consiste en hacernos conscientes en cualquier situación, en parar unos segundos, y aplicar “sobre el terreno” lo que la práctica formal nos ha enseñado, a soltar, a sentir, a calmarnos, a respirar y centrar la atención, a estar presentes segundo a segundo, en nuestra propia vida, sin dejarnos arrastrar por nuestros eventos mentales, emociones, pensamientos, etc.

¿Qué profesional debe recomendarlo y guiarlo?

Aquí se abre el melón de las competencias y las distintas opiniones de diferentes tipos de profesionales. Si atendemos al hecho de que la capacidad de ser conscientes es inherente al ser humano, cualquiera puede hacer uso de ella y ponerla al servicio de su propio crecimiento como persona.

Ahora bien, si lo que queremos es tratar una crisis o un problema psicológico o médico, necesariamente la guía del proceso ha de ser un profesional reconocido de la psicología o la medicina.


Fuente con Licencia CC4.0: Integra Salud Talavera – ¿Cómo se aplica el Mindfulness? por Pilar Martín Pérez.

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¿Cómo se aplica el Mindfulness?
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