Cuando las cosas no van bien, suele ocurrirnos que empezamos a fijarnos más en lo negativo que en lo positivo. Por ejemplo, aparcamos el coche y nos damos cuenta de que el parquímetro está muy lejos. En estados de ánimo bajos, nos decimos: “¡Joder, ya podrían poner estos cacharros más cerca! ¡Qué mala suerte tengo! Como siempre…”.

Es decir, focalizamos nuestra atención en lo negativo, lo convertimos en catástrofe y lo generalizamos a toda nuestra vida, sin darnos cuenta de la suerte que hemos tenido, por ejemplo, encontrando aparcamiento.

Esta actitud sesgada hacia lo negativo es muy frecuente también en los problemas de pareja. De repente, todas esas pequeñas cosas, detalles, defectos, asperezas… que antes pasábamos por alto sin darles mayor importancia, comienzan a pasar a primer plano, a cobrar protagonismo, a iluminarse, a brillar con más intensidad.

A eclipsar, en definitiva, aquellas cosas por las que nos enamoramos y de las cuales ya no nos acordamos. Y, antes de que nos demos cuenta, lo veremos todo a través de un velo ceniciento. Nuestra realidad se convertirá en un continuo confirmar nuestras sospechas: en efecto, nuestra pareja no deja de comportarse de todos esos modos que tanto nos molestan. ¡Otra vez! ¡Lo ha vuelto a hacer!

¿Cómo funciona la propuesta de “pilla a tu pareja haciendo algo agradable”? La idea es convertirnos en una especie de detectives privados. Lo que se propone es sacar una lupa imaginaria y escudriñar la conducta de nuestra pareja, es decir, todo aquello que hace cuando estamos juntos, pero tratando de rescatar esas perlas escondidas en el barro que hace tiempo dejamos de ver.

Este ejercicio nos permitirá hacernos más conscientes de las cosas que nos resultan agradables, las cuales probablemente todavía están ahí, sólo que ahora nos pasan desapercibidas. El resultado suele ser sorprendente.

¡Ojo! No se trata de hacer bueno aquello que no nos gusta. No se trata de auto-engañarnos o de forzar nuestra razón ingenuamente, sino de volver a sacar a la luz aquellas cosas de nuestra pareja que genuinamente nos hacían sentir bien, porque es muy probable que todavía estén ahí o incluso que hayan surgido otras nuevas con el tiempo. Pretendemos construir una realidad más auténtica, no falsearla.

Ese “algo agradable” puede ser cualquier cosa, ya sea importante o aparentemente insignificante. Por ejemplo, lo bien que le queda una camiseta, un gesto amable hacia nosotros o hacia alguien que queremos, un comentario gracioso, cariñoso o inteligente, particularidades suyas que sólo nosotros reconoceríamos, su pelo, sus ojos, su manera de hablar, su manera de moverse, alguna característica de su personalidad, alguna habilidad, virtud o talento, su sonrisa, su llanto, sus labios, sus manos…

Si estamos muy atentos y hacemos bien de Sherlock Holmes, escudriñando hasta los mínimos detalles, la lista puede ser realmente larga.

La consecuencia inmediata es que aumentaremos la frecuencia de nuestras emociones positivas, porque estaremos más en contacto con las cosas agradables que suceden a nuestro alrededor.

Sin embargo, hay otra consecuencia, tal vez menos evidente, y es que nuestra pareja percibirá inconscientemente que nosotros agradecemos y estamos atentos a ese tipo de detalles. Esto aumentará enormemente las probabilidades de que continúe comportándose de esa manera tan agradable.

Por ejemplo, si a nosotros nos satisface un gesto amable y se nos nota en la cara, lo estaremos premiando con nuestra sonrisa y con nuestra atención, por lo tanto, aumentaremos la probabilidad de que dicho gesto se repita, pero esto sólo sucederá si somos capaces previamente de percibir dicho gesto, de ahí la importancia de sacar nuestra lupa de detectives.


Fuente con Licencia CC4.0: Psicología Bay –Pilla a tu pareja… haciendo algo agradable por Vicente Bay.

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Pilla a tu pareja… haciendo algo agradable
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